Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 301
Historia insolita de la musica clasica I
www.librosmaravillosos.com
Alberto Zurron
al conservador auditorio ruso. No ayudó precisamente a sus nervios que
justo antes del estreno recibiera un telegrama de su esposa transmitiéndole
el rumor de que le iban arrojar una bomba a su paso; el caso es que se pasó
los días anteriores al estreno agobiadísimo, mirando a su alrededor por el
temor a ver una mano de más o un coche acercándosele a más velocidad de
la normal. Berg llegó vivo al estreno, pero lo que no lograron matar de él lo
consiguió por sí mismo en cuanto dio la entrada a la orquesta sobre el podio.
Shostakovich estaba allí presente. Corría el año 1927 y Shosty tenía
veintidós años, además del suficiente juicio como para saber cuándo debía
poner las manos contra los ojos en lugar de contra los oídos. En aquel caso
el Berg-músico salió bien librado y el oído del ruso sobrevivió, pero en lo
tocante al Berg-director «era un desastre», confirmó sin pudor. Aquel día sus
ojos no se equivocaron: «Tan pronto como [Berg] comenzó a mover los
brazos la maravillosa orquesta del Teatro Mariinski se desintegró, luchando
cada miembro a su aire. La situación fue salvada por Vladimir Dranishnikov,
el principal director del teatro. Se puso detrás de Berg e hizo gestos a la
orquesta. Berg no notó nada». El caso es que Wozzeck fue muy bien tratado
por el público, como lo había sido el año anterior en su estreno el 11 de
noviembre de 1926 en el Teatro Nacional de Praga. Incluso en su primera
representación hubo de ser llamado a escena «unas treinta o cuarenta
veces», según contabilizó el propio Berg, aunque fue en la tercera cuando un
pinchazo extramusical la hizo descarrilar, al entrar en tumulto y vociferando
un grupo de nacionalistas checos, produciendo en el autor un infarto
metafórico
y
en
el
alcalde
de
Praga,
allí
presente,
un
infarto
desgraciadamente real. La función se suspendió y Wozzeck calló para
siempre en Praga.
Schönberg voló sobre aquel mismo nido del cuco y demostró tanta pericia en
conservar su rumbo como en sortear los perdigonazos que apuntaban a
matar, a matar su inspiración para librar al mundo de la barbarie que se
avecinaba. Su poema sinfónico Pelleas und Melisande sólo llevaba un nº 5 de
301
Preparado por Patricio Barros