Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 289
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
de que el suelo no era más que un montón de cenizas blandas.
Tenía las piernas metidas hasta las rodillas. Hice el mayor
esfuerzo por avanzar, pero era inútil. El tipo sabía desplazarse
entre la ceniza porque muy pronto ya estaba más arriba que
yo y me tendía una cuerda para ayudarme. Veinte liras, me
dijo mientras mantenía la cuerda lejos de mi alcance. Yo
estaba que hervía de rabia. «¡No, nunca!», le grité sufriendo
las torturas de Sísifo. Al final, completamente exhausto, me
rendí y me aferré a la maldita cuerda. «Ya me las pagarás,
bribón», mascullaba yo, pero mis amenazas le tenían sin
cuidado y le daban risa. Entonces avancé con la mayor
precaución hasta el borde del cráter y miré hacia dentro. De
pronto surgió un ruido atronador, grandes rocas saltaron de las
profundidades, llamas enormes me envolvieron y sentí que la
tierra temblaba bajo mis pies. Emití una especie de chillido, el
bastón regalo de Paderewski se me escapó de las manos y
cayó al fuego mientras yo me deslizaba cuesta abajo,
aterrorizado, entre las cenizas. El caballo y la mula aguardaban
impávidos, evidentemente acostumbrados a todo eso. Mi
torturador, ecuánime, me dio a entender que el Vesubio
siempre estaba activo y que no había nada que temer.
Un espíritu aventurero como el de Rubinstein sólo podía ser captado en la
misma onda por espíritus iguales, y si además necesitaban su dinero el
hallazgo era doblemente feliz para el rastreador. Heitor Villa-Lobos fue uno
de ellos. Se conocieron en el primer viaje a Brasil que hizo el polaco para
ofrecer una gira de conciertas y de inmediato se sintió éste cautivado por el
exotismo de la música del brasileño. Comiendo juntos aquel día la
conversación se animó y los pentagramas dejaron lugar a los diagramas de
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Preparado por Patricio Barros