Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 273
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Lo que normalmente preocupaba a Ives eran los ceros a la izquierda; los de
la derecha le traían sin cuidado. Su sugerencia fue rechazada y el compositor
rompió a llorar, quizá evocando los años de su propia humillación: «Es tan
terrible que Dios haya creado a este hombre —le dijo a su mujer—, tan
bueno como es, que trabaja tanto en su música y no puede conseguir que le
publiquen nada». Hay un verso de la poetisa rusa Marina Tsvetáyeva
realmente iluminador: «Un mundo donde los ríos van contracorriente». Ives
lucía esa condición, por eso quienes le conocían bien no le esperaban en los
deltas, sino en las fuentes. Su yerno fue testigo de cómo hacía regulares
donaciones renunciando a utilizarlas como desgravación de sus impuestos,
aludiendo a que semejantes ventajismos fiscales iban contra la redistribución
de la riqueza y, por tanto, contra la ética. En fin, Ives fue uno de esos raros
sujetos pasivos fiscales que optaron por ser un modelo a seguir en lugar de
un modelo a perseguir.
En ocasiones la religión de la generosidad no se practicaba dando a comulgar
cheques en blanco, sino… ¡propinas musicales! Cuando uno era niño y no
quería una cucharada de algo esta cerrazón activaba un dispositivo de
generosidad en el verdugo y se le daba cucharada y media. Lo que algunos
intérpretes ofrecían era concierto y medio, una iniciativa a caballo entre el
afán de protagonismo y el protagonismo de un afán como era vigorizar el
amor por la música. Anton Rubinstein se postuló como el padre de los
reconstituyentes en tal sentido, y es que tras sus mastodónticos recitales de
tres o cuatro horas era capaz de ofrecer como propinas sonatas completas
de Beethoven, no sé si como generosidad o como represalia. Sin ir más lejos,
en marzo de 1884 (54 años) tocó un concierto en Viena donde introdujo más
de treinta piezas en el programa, incluyendo una sonata de Schumann y dos
de Beethoven. En otro concierto tocó como primer bis la Sonata nº 2 de
Chopin y como segundo bis siete piezas de Mendelssohn. Me gustaría poder
decir que tras tan ciclópeo esfuerzo la sangre no llegaba al río, pero mentiría.
Cuando le era posible Rubinstein invitaba a sus recitales a la familia
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Preparado por Patricio Barros