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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
había convertido nada menos que en el presidente de los Estados Unidos,
devolviendo el favor al pianista mandando millones de dólares a Polonia para
mitigar el hambre de la población. Nunca mejor dicho, las de Hoover y
Paderewski fueron entonces las dos caras de una misma moneda, la hermosa
rendición de cuentas entre dos actos de solidaridad esencialmente distintos
de dos hombres esencialmente iguales. En realidad la generosidad de
Paderewski fue un saco sin fondo. Entre los papeles dejados a su muerte se
encontró una carta de un grupo de estudiantes armenios que residía en
Ginebra en 1904, donde le imploraban su participación en la recolección de
fondos para los prisioneros políticos armenios en Turquía. La respuesta fue
inmediata; el pianista programó un concierto y la recaudación se fue a aquel
grupo de jóvenes que no supieron por dónde empezar con tanto dinero
embolsado. Ya en 1881 (20 años) había recaudado fondos para la causa
inglesa en la primera guerra anglo-bóer o guerra de Transvaal; además en
Estados Unidos instauró un concurso de compositores americanos jóvenes
dotado con diez mil dólares (en esto seguía a Saint-Saëns, que habiendo
acumulado en vida una considerable fortuna destinaba frecuentemente
dinero a los jóvenes compositores en forma de becas), creó un periódico
polaco en Detroit, subvencionó organizaciones estudiantiles polacas en
universidades americanas, construyó una nueva facultad en la universidad de
Cracovia, etc., calculándose que a lo largo de su vida llegó a donar el
equivalente de varios millones de libras para causas menores.
Sin embargo la generosidad más meritoria era aquella a la que se ponía no
dos caras, sino una, la de donatario, reservándose la del donante para los
espejos de su casa. El rostro de Charles Ives estaba habituado a quedarse en
la sombra en tales trances. Su negocio asegurador le había reportado una
envidiable fortuna y buena parte de aquel dinero lo empleaba a modo de
«georadar» para detectar el infortunio y ponerle remedio. En una ocasión
pidió a un editor musical y compositor, Lehman Engel, que editara la sinfonía
de un amigo suyo y le pasara después a él la cuenta, sumara lo que sumara.
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Preparado por Patricio Barros