Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 271
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
prometer que nunca volverá a escuchar mis óperas, de modo que se evite la
amenaza de futuras pesadillas y yo la broma de mal gusto de tener que
pagarle otro viaje». En definitiva, le exigió que se fuera con su música a otra
parte. No contento con ello Verdi se pasó de la reprimenda a la represalia y
ordenó a Ricordi que esa carta se publicara en todos los periódicos de Italia.
Pronto el tal Bertoni pudo comprobar que las maldiciones de las brujas en
Macbeth eran villancicos navideños en comparación con las de este otro rey
de Italia, pues en cuestión de días el hombre fue aborrecido en todo el país,
llegando a recibir cartas insultantes de todos los rincones, en especial una de
ellas, remitida desde Parma, que convertía el filo de lo imposible en el de lo
muy probable cuando amenazó con decapitarle si asomaba su atrofiado
aparato auditivo por la ciudad.
Lo de Paderewski con América era llegar y besar el santo, aunque en 1892,
acometiendo su segunda gira, lo que besó fue una rana mutada en príncipe
en 1919. Si esto fuera una adivinanza no habría postores para desentrañarla.
Comencemos diciendo que en realidad no fue un rana, sino dos, ambas
estudiantes
en
la
Universidad
de
Stanford,
dos
muchachos
que
le
convencieron para que diera un recital cerca del campus para así ganar algún
dinero y avivar la duramadre cultural del lugar, algo mohína. Que hubieran
prometido a Paddy dos mil dólares de beneficio no fue lo que le animó a
consentir, sino el carácter emprendedor de aquel par de idealistas irredentos.
El caso es que la pésima publicidad que hicieron de tamaño evento dejó un
raquítico puñado de espectadores y mil exiguos dólares con los que los
muchachos aún debían pagar el alquiler de la sala. Compareciendo
avergonzados ante el pianista balbucieron algunas excusas, pero Paderewski
se les adelantó, sugiriéndoles pagar los gastos de la sala y repartirse
proporcionalmente el remanente, siendo del veinte por ciento para ellos y del
ochenta para él. El príncipe se acercó a Paderewski veintisiete años después,
en 1919, siendo el pianista primer ministro de Polonia, tocándole balbucir
ahora a él, ya que una de aquellas dos ranas, de nombre Herbert Hoover, se
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Preparado por Patricio Barros