Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 274
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Schumann al completo, tal como cuenta Eugenia, hija de Robert, gozando de
una privilegiada posición desde donde «podíamos incluso ver la sangre sobre
las teclas». Está claro que lo de dejarse la piel en los recitales para algunos
solistas era una dolorosa superación de las metáforas. El muy generoso
Paderewski sentía una inflación de pudor viendo el mucho dinero que se
ganaba con el poco esfuerzo que suponía sentarse en una banqueta y, como
Penélope a la rueca, hilar y deshilar escalas, así que se curaba de tal
sentimiento dando numerosos bises. En una ocasión ofreció hasta una
docena, alargando así en una hora el programa oficial. Otro grato ejemplo de
lo que contamos es el pianista austríaco Rudolf Serkin, quien de joven tenía
un grave problema para entender la doblez que va aparejada al sentido del
humor. Su sentido de la obediencia estaba bastante más desarrollado y de
avant la lettre no sabía nada. Ahora bien, en lo de obedecer al pie de la letra
era un fenómeno. Cuando en 1921 (18 años) ofreció un recital de Bach con
el violinista Adolf Busch, este le animó al final para que saliera a dar una
propina. Algo desorientado Serkin le preguntó qué demonios podía tocar, a lo
que Busch respondió en broma: «¿Las Variaciones Goldberg?». Dicho y
hecho. Desde la primera a la trigésima, pasando por el tema inicial y su
recapitulación final. Al terminar sólo quedaban tres personas en la sala
además de él: Busch, el pianista Artur Schnabel y el crítico Alfred Einstein.
Los músicos, al igual que los más hábiles defraudadores, siempre han llevado
una contabilidad paralela. A costa de crear sumaban opus musicales. A costa
de hacer el bien sumaban opus de muy difícil y dudosa catalogación porque
todos sonaban igual, algo así como un golpe de timbal en mitad del músculo
cardiaco. San Mateo dijo que por sus obras les conoceríamos. Referido a los
músicos siempre pensé que ese reconocimiento lo sería accionando un Play
en el compacto y escuchando los primeros compases de esta o aquella obra.
Pero en este capítulo hemos aprendido que hay otros compases que llegan
casi igual de lejos; abres sus brazos, giras uno sobre el eje del otro contra
una ventana que dé al horizonte y trazas una circunferencia que marca el
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Preparado por Patricio Barros