Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 266

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Sin lugar a dudas Beethoven había tenido buenos maestros en el arte de ser generoso. Uno de ellos fue Haydn, que puso su ojo de halcón en el potencial de aquel arrollador alumno suyo de veintidós años hasta el punto de mandar una carta al Elector de Colonia en noviembre de 1793 en la que quemó la píldora de tanto dorarla: «Pido ahora que se le pague esa suma. Y dado que pedir dinero genera intereses y, lo que es más, es una carga para un artista como Beethoven, pienso que si Su Reverencia le asignara mil florines para el próximo año, Vuesa Reverencia le manifestaría su más alto favor y al mismo tiempo le liberaría de toda ansiedad». El Elector juzgó que un prohombre como él no estaba para liberar de ansiedades a los ciudadanos, sino para librar de gorrones a la ciudad imperial, así que su respuesta fue non. Si los préstamos entre músicos ya eran conductas dignas de ser estudiadas por los entomólogos (para un músico otro músico siempre era un bicho, o a lo sumo un bicho raro si además prestaba cosas) las donaciones sólo podían ser analizadas por teólogos especializados en angelología. Cuando en julio de 1888 Johannes Brahms (55 años) supo que Clara Schumann (66 años) estaba atravesando dificultades económicas a raíz de la severa enfermedad de su hijo Ferdinand (Robert había muerto veintidós años atrás), debiendo hacerse cargo no sólo de sus nietos, sino también de su nuera, se ofreció a entregarle diez mil marcos que Clara rechazó, algo que estimuló al compositor, ya que subió la puja a quince mil marcos el año siguiente. Volvió a deshojar Clara la margarita y aquella vez, quizá haciéndose trampas en el solitario, salió que sí. La viudísima dejó anotado en su Diario: «Los dos estábamos conmovidos. ¿Qué debo hacer? ¿Debo enviarle esto de vuelta a un viejo amigo como él? No puedo hacerlo. Tengo que conservarlo y agradecérselo. No hay nada más que hacer». Quizá porque intuía cercana la muerte en diciembre de 1839 (de hecho moriría cinco meses después) el avaro Paganini empezó a saldar cuentas pendientes con el mundo. Fue en aquella fecha cuando el violinista sufrió un 266 Preparado por Patricio Barros