Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 265

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron le dio por pegar en las farolas y paredes de Moscú este otro anuncio: «Voy a Leningrado para dar unos conciertos; puedo llevar paquetes de un kilo como máximo». El caso es que una vez allí se dedicaba a repartir entre los desconocidos más menesterosos aquellos paquetes. Desconozco si a la vuelta los remitentes le pedían cuentas, cuando Yudina sólo conocía las del rosario, pero lo dudo, dado que lo acostumbrado era verla por la calle vestida de riguroso negro talar hasta los pies, con una cruz en la mano e invitando a los transeúntes a su conversión… ¿Se imaginan entonces lo que hubiera pasado si dos seres de generosidad tan inmensa como la Yudina y Shostakovich hubieran entrado en el mismo radio de acción? No se preocupen, nada tienen que imaginar. Es que sucedió en realidad. Un día la pianista fue a pedir a Shostakovich ayuda económica porque vivía en un cuarto miserable que ya no le permitía ni respirar. El compositor hizo una especie de colecta y reunió la suma suficiente para conseguirle un apartamento más apropiado, pero ocurrió que poco después la Yudina le giró nueva visita con una petición idéntica a la anterior: «Dmitri, necesito otro apartamento». Por cuanto ya existía cosa juzgada, aquella demanda ya le resultó al compositor un tanto sospechosa, pero viniendo de un alma cándida como la de Maria predijo que allí había gato encerrado, así que obligó a la pianista a remover sus entrañas y serle sincera. La respuesta no le cogió desprevenido: «Es que he regalado el apartamento a una pobre vieja». En otra ocasión Shostakovich pudo testimoniar cómo por culpa de la rotura de un cristal en la ventana de aquel segundo o ya tercer apartamento la Yudina debía soportar tanto frío dentro como afuera. Aquello tenía su explicación, por supuesto; le contó cómo había pedido un préstamo de cinco rublos para repararla, pero de camino a casa había pasado por delante de una iglesia y, sin poder contenerse, había entrado para dejar depositado el dinero a los pies de un santo. Silencio: se ruega 265 Preparado por Patricio Barros