Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 261

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Algunos músicos optaron por no irse a primera línea de batalla, sino a la primera, a la segunda, a la tercera, a la cuarta y a la quinta línea: las que formaban aquella parrilla eléctrica que era un pentagrama, por entonces enchufada sólo al optimismo para poder funcionar. Si Franz Lehár había sido capaz de componer una ópera titulada La viuda alegre, no estaba dispuesto a permitir ver en cada rostro de los combatientes la consumación de aquel título. Durante la primera guerra se trataba de que los alegres fueran no las viudas, sino los muertos, o mejor, los morituri, así que había que verlo con sus cuarenta y cuatro años, en el fragor de 1914 y en la cúspide de la fama, ir de frente en frente dirigiendo conciertos para soldados y heridos en cumplimiento de las órdenes de su Gobierno. Saint-Saëns hizo algo parecido, viajando a Estados Unidos en 1915 y a América del Sur en 1916, para dar conciertos a beneficio de los heridos de la guerra. Manuel de Falla no tenía dinero para ayudar a nadie, pero su corazón era un radiotransmisor que captaba de inmediato una necesidad y lanzaba instantáneamente su SOS. En un año tan complicado como 1919 supo dos cosas fácilmente conciliables: que el ya adinerado Arthur Rubinstein se hallaba en Madrid dando una gira de conciertos y que el aún menesteroso Igor Stravinski, huido de la Revolución rusa, estaba poco menos que pidiendo dinero por las calles de Ginebra, así que el español pidió ayuda al polaco para el ruso y esperó a que el Dios de todos proveyese. Y proveyó. Del encargo de Rubinstein a Stravinski nació el Piano rag-music y del encargo a Falla la Fantasía bética. También el violinista Fritz Kreisler asumió que aquella deplorable guerra podía pasar un poco más desapercibida a poco que se la travistiese con algo de música, pero como las notas no daban de comer optó por algo bastante más útil y singularísimo: ¡dar de comer a la gente! Eso es lo que hizo durante la Primera Guerra Mundial con unos mil quinientos artistas hambrientos, estableciendo además que durante un período de cinco años todas sus ganancias fueran destinadas a Austria. Por increíble que parezca, su mujer no se divorció de él, sino de su pasado materialista, y de hecho 261 Preparado por Patricio Barros