Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 260

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron escribir. Un día Verdi reunió valor para visitarlo, pero lo reunido fue tan escaso que prefirió mantenerse en la sombra y dejar que brillara en su lugar algo que sí podía reunir a mansalva: liras. Diez mil entregó a su mujer y a su hija para el cuidado del enfermo, y cuando hubo que ingresarlo finalmente en un hospital él mismo se encargó de pagarle una habitación privada. Ni que decir tiene que la muerte de un miembro de aquella selecta comunidad universal que era la de los músicos significaba una orfandad difícil de digerir para el resto del grupo. Cuando las aguas del Atlántico se tragaron a Granados y a su mujer, Pablo Casals llamó a Paderewski y a Fritz Kreisler y el trío ofreció un multitudinario concierto en el Metropolitan en recaudación de fondos para sus hijos. Cuando a Scriabin se lo llevó una septicemia por un estúpido ántrax en un labio tanto Koussevitzky como Rachmaninov reaccionaron de inmediato. El director ofreció un ciclo de cuatro de conciertos en su memoria en Moscú, donando toda la recaudación a su familia. Por su parte, Rachmaninov, a quien nunca le había unido con Scriabin amistad ni afinidad, hizo una gira por las principales ciudades de Rusia y entregó igualmente a la familia el producto de todas las ganancias. Es posible que el escuálido Rachmaninov, con sus rasgos mongoles y su estatura rayana en los dos metros, no asperjara a su paso la simpatía de Berg o Puccini, pero si el talento lo llevaba a flor de piel, lo que llevaba cosido bajo ella eran las iridiscencias de un corazón de oro. Sofia, una de sus hermanas, escribía un año después de su muerte en 1945: Era extremadamente amable, no podía ver derramar lágrimas a su alrededor y era capaz de cualquier cosa para poner fin al llanto de una criatura. Solía hacerse cargo de sus niños, cuidándolos mejor que si fuese su propia madre, bañándolos, dándoles de comer y, a medida que crecían, echándoles a perder con sus mimos. Hagan ustedes la guerra para hacer yo el amor 260 Preparado por Patricio Barros