Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 253
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Incluso a un avaro como Paganini los desórdenes de la naturaleza le
removían el corazón y entonces ponía su violín al servicio del dinero, pero,
excepcionalmente, del de los demás, y a ser posible sin sentar precedente:
la recaudación de dos de los doce conciertos que ofreció en Berlín en 1829 la
destinó a los damnificados por las inundaciones de Prusia oriental. Quizá
porque intuía cercana la muerte en diciembre de 1839 (de hecho moriría
cinco meses después) el violinista empezó a saldar cuentas pendientes, unas
cuentas tanto más vergonzosas por cuanto a él, al multimillonario Paganini,
le salían a pagar, y aun más bochornosas porque no eran de dinero, sino las
peores: las de honor. En aquella fecha fue cuando cayó en estado de shock
al escuchar desde otro sustrato el Harold en Italia y entregó a Berlioz su
famoso cheque de 20.000 francos (unos 60.000 euros actuales, calcula
Harold C. Schönberg), dinero que al francés le posibilitó un desahogo de tres
años y la concentración necesaria para componer su Romeo y Julieta.
Hoy por ti y mañana… por ti otra vez
Dos vieneses ejemplares fueron Schönberg y Berg. Sabido es el triunvirato
que formaban con Webern, de manera que para perdurar en el tiempo
instauraron entre ellos la divisa de que la unión hiciera la fuerza y que la
única debilidad admisible fuera la generosidad. Por eso en los momentos de
mayor precariedad del tercero aquellos dos (que sobrados sólo lo estaban de
talento) no dudaron en prestarle dinero periódicamente, y cuando no lo
tenían lo pedían a terceros, sin que por ello los anillos se les cayesen, salvo
el de los Nibelungos, que lo llevaban arrastrando a todas partes. Para
apreciar la menesterosidad de Webern sólo hay que reparar en el fragmento
de una carta alarmante que escribió a la editora Emil Hertzka en torno al año
1925 (41 años), siendo aquella directora de la Universal Edition:
A consecuencia de una seria enfermedad de mi hija mayor me
he visto obligado a desprenderme poco a poco y por completo
de las modestas reservas que me había esforzado en apartar
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Preparado por Patricio Barros