Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 252
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Liszt no sólo dejaba un amor en cada puerto, sino también un guijarro
blanco.
Su
virtuosismo
era
polisemántico
y
ambas
acepciones
eran
profundamente innatas. Si no fuera porque aborrezco la obviedad diría que
era tan buen pianista como persona. En la gira de conciertos que ofreció en
Berlín desde diciembre de 1841 a marzo de 1842 no sólo se dedicó a ganar
dinero, sino también a perderlo. Para él saber perderlo era mucho menos
trágico que olvidar ganarlo. De los veintiún conciertos que ofreció nueve
fueron benéficos; además colaboró en la terminación de la catedral de
Colonia, ayudó a la Universidad de Berlín, destinó fondos a un hogar de niños
y aprovisionó de dinero a un grupo de jóvenes músicos sin posibilidades
económicas. La Providencia le otorgó como regalo que aquella combinación
de virtuosismos envejeciera a la par sin perder un ápice sus facultades.
Investido ya de las órdenes menores, al iniciar sus paseos Liszt obligaba a su
criado a llenarse el bolsillo derecho con monedas de plata y el izquierdo con
monedas de cobre. Las primeras eran para gastar. Las segundas para
repartir. Pero ocurría que entregaba las de plata a niños y mendigos,
mientras que las de cobre regresaban intactas a casa. Diez años antes de su
muerte y con los recitales públicos totalmente marginados ocurrió que sólo
las desgracias podían arrancarle de su letargo, y eso es lo que aconteció el
miércoles de ceniza de 1876, cuando el Danubio se desbordó a su paso por
Viena y dejó quince mil damnificados. Liszt ofreció inmediatamente un recital
y el dinero recaudado (8.000 florines) lo destinó al fondo de emergencia.
Hecha la buena acción confesó a la baronesa von Meyendorff: «Espero no
volver a tocar el piano en público nunca más». Aún le dio tiempo a hacer con
un músico lo mismo que Mahler hizo con Schönberg: multiplicar en sus
manos panes y peces. El agraciado fue el checo Bedrich Smetana. Siendo
éste joven había enviado a Liszt una composición para conocer su parecer, y
el parecer, francamente alentador, le llegó a Smetana con cuatrocientos
florines holandeses para su educación musical.
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Preparado por Patricio Barros