Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 237

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron En otros casos lo que malograba los estrenos no era el fuego, sino otro de los elementos empedocleos más temidos por los compositores. A él se refiere Berlioz en sus Memorias, evocando la premier de su Fantasía sobre La tempestad de Shakespeare en el Teatro de la Ópera de París: Al día siguiente, día en que se iba a ejecutar ya para el público, una hora antes de la apertura de la Ópera estalla una tormenta, quizá como no se había visto ninguna parecida desde hacía cincuenta años. Una verdadera tromba transforma las calles en lagos; el menor trayecto, tanto a pie como en coche, se hacía impracticable, y la sala de la Ópera se queda desierta durante toda la primera mitad de la velada, precisamente en el momento en que mi fantasía sobre La Tempestad… [¡Condenada tempestad!] debía ser ejecutada. Con un pie más allá de la tumba: en un despacho de abogados Richard Strauss adoraba su apellido, y su esposa Pauline tanto o más que él. Sin duda apellidarse Strauss era un golpe de buena suerte que se repetía cada día. Bueno, salvo uno. Ocurrió que en 1903 (40 años) estaba actuando en Berlín una compañía de ópera italiana, siendo el director un tal Joseph Stransky. Hospedándose todos sus integrantes en un hotel de la ciudad, el tenor principal y el empresario fueron abordados por una joven italiana que les pidió una entrada para la función, siendo derivada por el tenor al director orquestal Stransky, si bien, ¡oh fatalidad!, pronunciándolo como Straussky. El caso es que el director mantuvo una liason con la italiana y esta, llegando el día de la función y careciendo de la entrada prometida, buscó el nombre de Stransky en la guía telefónica, si bien confundiéndolo con un tal «Strauss, Richard», a quien envío una dulce nota: «Querido mío: tráeme el billete. Tu fiel Mitzi. Mi dirección: Mitzi Mücke, Lüneburger Strasse, 5». La funesta nota llegó a casa de Strauss, más en concreto a manos de Pauline, que a renglón 237 Preparado por Patricio Barros