Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 236

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron odiosamente experimentales, hasta que le erigieron demasiado cerca una fábrica de turba cuyo hedor y estrépito no le dejaba respirar con los pulmones ni con el cerebro, por lo que hubo de cambiar su residencia a Viareggio, a siete kilómetros de allí. «Fue el más grande pesar de mi vida», escribió por entonces a su amiga Sybil. El silencio era la obsesión de los músicos; en él radicaba su poder, era el ingrediente activo primordial de su fuerza creadora, el asentamiento del genio inventor, propiciando su agigantamiento interior para dar suficiente cabida al caudal arrollador de la música cuando se presentaba. Los directores orquestales no son ajenos a esa necesaria penitencia, asperjando desesperación a su alrededor cuando, por ejemplo, un suceso ajeno malogra un determinado y particularísimo efecto orquestal repetido docenas de veces durante horas. Mahler era uno de estos recalcitrantes (los músicos de la orquesta lo llamaban de una forma menos amable) directores. Para él la menor agresión acústica envenenaba toda la obra, pero para otros, como Georg Solti, aquel veneno era un mal necesario que la música debía pagar por haber pervivido hasta la época del exceso civilizador. Con qué inconfesable placer Arthur Honegger habría estrenado sus obras en Lavinia, amante como era de las locomotoras, y tanto más cuanto más ruidosas. Solti no era de la misma opinión, aunque sí de la misma templanza a la vista de lo que narra en sus Memorias: La pobreza de la acústica de Lavinia se veía acrecentada por la cercanía de la estación local. El tren llegaba invariablemente cada hora en punto y hacía sonar su silbato en el pianissimo más delicado. Esto me ocurrió durante el movimiento lento de la Heroica, en pacientemente un hasta pianissimo que perfeccionarlo. habíamos El tren trabajado llegó, silbó alegremente y se marchó llevándose consigo mi pianissimo. Sir Thomas Beecham solía describir Lavinia como la única estación del mundo con su propia orquesta sinfónica. 236 Preparado por Patricio Barros