Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 224

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Ella lo sacó del estuche y lo puso temblando en sus brazos. Ambos temían que sus facultades musicales se hubieran malogrado, y para comprobarlo la exigente mujer, en lugar de empezar por algo suave como una Siciliana de Bach, le pidió que tocase nada menos que el Concierto de Mendelssohn. El arco resbaló por las cuerdas sin patinar y los Kreisler respiraron aliviados cuando el primer tropel de notas en mi menor salió sin un solo asomo de coágulo. Historia de trece muertes estúpidas Lo peor que le puede ocurrir a alguién, incluso a los músicos, es tener que morirse. Lo que pasa es que hacerlo de cierta forma o por cierta forma se torna una cuestión preposicional que no libera a ciertas muertes de pasar a la historia por el cuello de botella más humillante: la ridiculez. Jean Baptiste Lully murió por una dosis exagerada de energía; no me refiero a un fallo cardiaco, sino de puntería con el bastón que los directores de entonces usaban para marcar el compás, hiriéndose un pie que posteriormente se gangrenó. De haber asumido sus limitaciones a los cincuenta y cuatro años del siglo XVII y permitido que le cortaran el pie en lugar de mantenerlo en el sitio a toda costa para poder ser bailarín no se hubiera muerto con tanta música dentro. Podemos saludar y despedir a Lully como el Aquiles de la música clásica. La afición a las setas de vistosos colores y anormales tamaños supuso la muerte en 1767 para el compositor Schobert y toda su familia, tras cocinarlas en un día que jamás llegarían a marcar en el calendario. A Chaikovski le condujo a la tumba algo mucho más inocuo que las setas de Schobert: un simple vaso de agua, ingerida sin la precaución de hacerla hervir, de manera que el cólera se desató de inmediato y falleció cuatro días después a la injusta edad de cincuenta y tres años. Músorgski era un alcohólico impenitente que murió a los cuarenta y un años fruto de la generosidad de un amigo poco conocedor de la combinación del alcohol con determinados fármacos antidipsotrópicos o también llamados aversivos. Los 224 Preparado por Patricio Barros