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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Ella lo sacó del estuche y lo puso temblando en sus brazos. Ambos temían
que sus facultades musicales se hubieran malogrado, y para comprobarlo la
exigente mujer, en lugar de empezar por algo suave como una Siciliana de
Bach, le pidió que tocase nada menos que el Concierto de Mendelssohn. El
arco resbaló por las cuerdas sin patinar y los Kreisler respiraron aliviados
cuando el primer tropel de notas en mi menor salió sin un solo asomo de
coágulo.
Historia de trece muertes estúpidas
Lo peor que le puede ocurrir a alguién, incluso a los músicos, es tener que
morirse. Lo que pasa es que hacerlo de cierta forma o por cierta forma se
torna una cuestión preposicional que no libera a ciertas muertes de pasar a
la historia por el cuello de botella más humillante: la ridiculez. Jean Baptiste
Lully murió por una dosis exagerada de energía; no me refiero a un fallo
cardiaco, sino de puntería con el bastón que los directores de entonces
usaban para marcar el compás, hiriéndose un pie que posteriormente se
gangrenó. De haber asumido sus limitaciones a los cincuenta y cuatro años
del siglo XVII y permitido que le cortaran el pie en lugar de mantenerlo en el
sitio a toda costa para poder ser bailarín no se hubiera muerto con tanta
música dentro. Podemos saludar y despedir a Lully como el Aquiles de la
música clásica. La afición a las setas de vistosos colores y anormales
tamaños supuso la muerte en 1767 para el compositor Schobert y toda su
familia, tras cocinarlas en un día que jamás llegarían a marcar en el
calendario. A Chaikovski le condujo a la tumba algo mucho más inocuo que
las setas de Schobert: un simple vaso de agua, ingerida sin la precaución de
hacerla hervir, de manera que el cólera se desató de inmediato y falleció
cuatro días después a la injusta edad de cincuenta y tres años. Músorgski era
un alcohólico impenitente que murió a los cuarenta y un años fruto de la
generosidad de un amigo poco conocedor de la combinación del alcohol con
determinados fármacos antidipsotrópicos o también llamados aversivos. Los
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Preparado por Patricio Barros