Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 213
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
su apellido, hasta el punto de llevar consigo durante una época una tarjeta
impresa que entregaba ceremoniosamente a todo aquel que cometía un error
al respecto. El texto decía así: «Hay un tenor grande y jovial / que se halla
triste muy rara vez: / esto sucede cuando oye que / alguien su nombre
pronuncia mal. / Ante tamaño y profundo error, ruge de ira Lauritz
Melchior». Aquello siempre era mejor que arrojar un guante y citarse a
campo abierto de madrugada…
El compositor y violinista belga Henri Vieuxtemps se sentía protegido, más
que con su fama, con un bastón cuyo extremo inferior finalizaba en un
pincho de acero. Cuenta en sus memorias Enrique Arbós que siempre llevaba
ese bastón en sus paseos y que se servía de él para perseguir a todo el que
despertase sus iras, pero también para obtener patentes de corso, ya que
solía acceder a los teatros sin localidad y no había quien le detuviera cuando
agitaba aquella arma en el aire y pronunciaba en voz alta las palabras
mágicas: «Je suis Vieuxtemps!». Según Arbós, en el conservatorio de
Bruselas, donde el feroz atacante era profesor, «tenía un alumno pequeño y
menudo, a quien colocaba siempre entre sus rodillas mientras tocaba, y a la
menor falta le retorcía las orejas a manera de clavijas o golpeaba frenético
sobre su cabeza». Y no sólo esto; a veces escuchaba los ensayos de sus
alumnos detrás de las puertas y si no le gustaba lo que oía entraba sigiloso
para descargar golpes de madurez sobre sus cabezas. De vivir Vieuxtemps
en nuestros tiempos hubiera sido un profesor de música muy apreciado en
cualquier centro penitenciario de nuestro país.
Más que educación era dignidad lo que pedía a gritos Pablo Casals. De
familia humilde no era de los que gustaba recibir en bandeja de plata el
producto de sus honorarios, sino en una bolsa del supermercado. Quedó al
descubierto su sentido de la sencillez, pero también su pasión pugilística
frustrada, cuando tras un concierto en Viena vio cómo el empresario se
presentaba en el camerino con una bandeja de billetes y se la alargaba con
estas palabras aparentemente ajustadas a la situación: «Su caché. El
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Preparado por Patricio Barros