Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 212
Historia insolita de la musica clasica I
www.librosmaravillosos.com
Alberto Zurron
dos flautas, brutos! ¡Se necesitan dos piccolos [dos flautines]!
¡Dos piccolos!, ¿me oyen? ¡Oh, qué brutos!». Dicho esto volvió
a sentarse, con una expresión profundamente indignada en el
rostro. En el tumulto general provocado por esta explosión me
vuelvo y veo a un joven temblando de pasión, las manos
entrelazadas, los ojos llameantes y una cabellera…, ¡qué
cabellera! Parecía un enorme paraguas de cabello, proyectando
algo parecido a un toldo móvil sobre el pico de un ave de
presa.
Hablaba, cómo no, de Berlioz.
Unas barajas llenas de bastos
En ocasiones las explosiones iban precedidas de pólvora aparentemente
mojada, minucias a priori indetectables al radar de la cólera, echando por
tierra la lógica tal como Aristóteles la había dejado planteada, lo de que «a
tal causa, tal efecto». En el caso de algunos compositores la causa era cola
de ratón y el efecto cabeza de león. Sumamente desconcertante (y bien
disculpable, dadas las circunstancias) fue la reacción que
presenció
Madeleine Milhaud, esposa del compositor francés Darius Milhaud, cuando un
buen amigo de la familia llamado Erik Satie agonizaba en el Hospital de
Saint-Joseph, siendo la destinataria de encomiendas tan personales como la
de ir a recoger su ropa limpia a la casa de la portera. El caso es que cuando
madame Milhaud llegó a la habitación del hospital con el paquete, Satie lo
abrió, contó el contenido y montó en cólera «porque sólo había 98 pañuelos,
cuando al parecer había dado a lavar 99 o 100». Es de entender semejante
reacción cuando se estaba al borde de la muerte y la única herencia a dejar
eran aquellos pañuelos, un par de zapatos y unos trajes gastados.
El danés Lauritz Melchior, considerado el tenor wagneriano por antonomasia,
rugía de rabia cada vez que alguien pronunciaba o escribía mal su nombre o
212
Preparado por Patricio Barros