Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | 页面 211

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron principio los músicos estaban desmadrados, de forma que, por falta de atención, se equivocaron en la cosa más simple del mundo. Les paré al momento y les grité en voz alta: “¡Una vez más!”. Esto no les había pasado nunca; el público mostró su contento». Es que con la música de uno no se admitía el más leve error. La mínima alteración de la partitura era tomada con el pavor de Guillermo Tell dejando a un tuerto la ballesta y en manos de la Providencia el siguiente abrazo a su hijo. Contaba el valiente pianista Robert Schmitz cómo estuvo trabajando con Debussy durante una semana un pasaje que se componía a lo sumo de uno o dos compases, añadiendo que las indicaciones que este daba al intérprete eran tan originales como confusas: «Tóquelo de manera peculiar, pues de lo contrario las vibraciones favorables de las otras notas no serán escuchadas estremeciéndose a la distancia en el aire». No quiero pensar en la transfusión que Schmitz necesitó tras la sangre sudada aquellas dos semanas. Händel no tenía precisamente la paciente verborrea de Debussy. Cuando en mitad de un ensayo la soprano Francesca Cuzzoni, disconforme con la melodía, se negó a cantar el aria de Falsa immagine, de su ópera Ottone, el compositor emuló el barritar de los elefantes, arrastró a la prima donna hasta una ventana y allí escenificó de una forma muy real la defenestración mientras gritaba: «Sé que es usted un auténtico demonio femenino, pero yo le demostraré que soy Belzebú, el jefe de los demonios». Las mismas iras podían desatarse cuando los atropellos se cometían con la música de un compositor con el que, de puro amado, se compartía el mismísimo tuétano, la duramadre y todos los órganos clasificados por la anatomía de la época. El dramaturgo Ernest Legouvé dejó testimonio de lo visto durante una representación de El cazador furtivo, de Carl Maria von Weber: Uno de nuestros vecinos se levantó del asiento e inclinándose hacia la orquesta gritó a voz en cuello: «¡Ahí no se necesitan 211 Preparado por Patricio Barros