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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
como un chiquillo cuando le arrebatan de las manos una chuchería. En 1906
(35 años) dirigió la Segunda sinfonía en Berlín, asistiendo Mahler (45 años)
al ensayo general sentado en una butaca de platea. El programa se
completaba con obras de Liszt y Max Reger, las cuales a Fried seguramente
le traían sin cuidado. Sin embargo, tras tres horas de ensayo y no habiendo
pasado del segundo movimiento de la sinfonía le dijeron que debía
suspenderlo, anuncio que se tomó con una furia diabólica, agarrando un silla
cercana y arrojándola contra la platea entre gritos. El propio Mahler entendió
que se hallaba ante un desequilibrado, así que él en persona se encargó de
tranquilizarle llevándole al hotel para analizar juntos el resto de la obra.
Cuando no se tenía a mano una silla valía cualquier cosa que tuviera fácil
ida, pero muy difícil vuelta. En el caso de Beethoven sorprende que alguien
tan alejado de los cánones de educación estuviera en condiciones de exigirla
a los demás. Cierto día que el de Bonn había invitado a comer al fabricante
de pianos Johann A. Stumpff tuvo la cocinera la nefasta idea de entrar en el
salón sin llamar a la puerta, lo que provocó las iras del señor de la casa y el
certero lanzamiento del plato de sopa al delantal. A Toscanini sólo le faltaba
ponerse un delantal para cocinar la música de Beethoven desde el podio. Le
idolatraba hasta el punto de no consentir a sus músicos una sola nota
errónea, de manera que cada vez que esto sucedía detenía el ensayo, y ello
las veces que hiciera falta. ¡Cuánto hubiera agradado al de Bonn conocer
esta cortesía simpar! El mismo Beethoven era un padre capaz de peinar con
raya a la izquierda todas las notas de una partitura y escupir fuego si
descubría a algún músico peinando una sola hacia el lado equivocado.
Durante un concierto con asistencia de público en el que se tocaba su
Fantasía con coros, un clarinetista cometió un grosero error en un pasaje,
momento en el que Beethoven, que lo dirigía, detuvo toda la circulación en
medio de la autopista, lanzó una mirada envenenada al infractor y mandó
repetir todo el pasaje ante el pasmo del respetable. Así lo contaba a sus
editores Breitkopf y Härtel en carta del 7 de enero de 1809 (38 años): «Al
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Preparado por Patricio Barros