Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 205
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Schumann-Heink refería que, dirigiendo sobre el podio, «los músicos le
irritaban tanto que casi no podía soportarlo; se convertía entonces en un
tirano musical. Y esa gente no podía comprenderle ni perdonarle […].
Cuando empuñaba la batuta se transformaba en un déspota». En realidad
cuando Mahler empuñaba cualquier cosa ponía los pelos de punta a quien
tuviera enfrente; así como el orden de los factores no altera el producto, el
desorden de los músicos jamás alteraba sus deseos de matar. Cuenta Franz
Schmidt, violonchelista de la Ópera de la Corte de Viena, que mientras
Mahler ejerció el cargo de director musical «en su furia echó o jubiló a tanta
gente que, si bien yo era el más joven en 1897, en 1900 era ya el cellista
que más tiempo llevaba en activo». Al director y musicólogo Alfred Sendrey
le preguntaron cómo eran los ensayos con el maestro y su respuesta fue una
especie de liberación largamente controlada: «Diré una sola palabra:
crueldad. Trataba a sus músicos como un domador de leones a sus
animales». Los que empuñaban la pluma en lugar de instrumentos opinaban
exactamente lo mismo, y si no véase el diagnóstico que trazó Stefan Zweig:
«Lo veo en el ensayo: enfadado, crispado, gritando, irritado, sufriendo cada
equivocación como si le doliera físicamente». Pero a Mahler mucho más que
aquello le dolía no ser comprendido, especialmente por sus propios colegas.
Ya se sabe lo que ocurre en las alturas celestes cuando entrechocan
corrientes de aire frío y caliente; pues bien, en el Olimpo vienés de principios
del siglo XX ocurría exactamente lo mismo. Cuando Mahler y Schönberg se
conocieron
hacia
1905
pronto
supieron
que
estaban
condenados
a
entenderse y desentenderse hasta la saciedad. Alma fue testigo de casi todos
los choques de aquellos dos trenes:
Al principio la cosa era siempre de lo más pacífica, pero de
pronto o Schönberg se permitía alguna frase arrogante o
Mahler se salía con una recensión dicha muy desde las alturas
[…] y se armaba el jaleo padre […]. Schönberg saltaba y se
largaba con un saludo escueto.
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Preparado por Patricio Barros