Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 183

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron primero puedo aceptarlo, pero me ha resultado muy desagradable leer lo segundo». Al menos dentro de esas dudosas casas de salud uno estaba a salvo de la gente, ¿no? La fobia a las personas en su doble cualidad individual y colectiva era un fenómeno transversal que abarcaba no sólo el auditorio de un teatro, sino también cualquier forma de visita, de injerencia en el espacio vital circundante. A quien daba pena ver era a Beethoven, solo, huraño y desangelado en una apartada mesa de la bodega que frecuentaba en Viena. A él se refiere en sus recuerdos sir John Russell, un viajero de guante blanco que daba la vuelta al continente europeo, impresionado (como refinado inglés que era) por el carácter intratable del fiero alemán, que se hartaba a vino, cerveza, queso y arenques: Una tarde alguien que él no conocía se sentó cerca de él — narraba con admiración—. Miró al extraño con aire furibundo y escupió como si hubiese visto un sapo; luego volvió la vista al periódico y al intruso, escupiendo otra vez; su cabello se erizó de forma más salvaje e hirsuta todavía; por fin, después de volver a escupir, mirando al hombre gritó: «¿Quién es ese grotesco bribón?», y abandonó la bodega. Quizá el intruso tenía un cierto aire de noblesse… La repugnancia que Beethoven sentía hacia la clase nobiliaria era un escollo insalvable, hasta el punto de que se negaba a tocar para ella en reuniones privadas si no se le permitía hacerlo en un salón vacío con sus oyentes apostados tras la puerta. Su amigo Wegeler dio fe de ello: «Su aversión a tocar el piano para el público había llegado a ser tan intensa que si le exhortaba a ejecutar se encolerizaba. A menudo venía a verme, sombrío y desencajado, quejándose de que le habían obligado a tocar, a pesar de que le dolían los dedos y le quemaba la sangre bajo las uñas». Si Gould aborrecía a los espectadores que confundían las salas de conciertos con un circo, Beethoven lo hacía con 183 Preparado por Patricio Barros