Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 179
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
cada tres pensamientos. El chileno Claudio Arrau no tenía los problemas del
personaje de Shakespeare para llevar el cómputo de sus evocaciones
mortuorias, ya que, al menos desde los quince a los veinte años, él siempre
acertaba al pleno: tres de tres. El detonante fue la muerte de su maestro
Martin Krause, a su vez alumno de Liszt, de suficiente alcance para que en
aquellos cinco años no hubiera un solo día que no pensara en la muerte, y
ello aun habiendo ganado el Concurso Internacional de Piano Franz Liszt en
dos ocasiones consecutivas, con dieciséis y diecisiete años. De hecho,
llegados los veintiún años celebró aquella segunda mayoría de edad con tal
sensación de abatimiento que estuvo a punto de arrojar su carrera musical
por la borda de su piano.
Verdi se topó con las cosas del más allá por estricta aplicación de la ley
kármica; matar a tal cantidad de individuos como mató, aunque fuera en la
ficción, debía por fuerza operar con alguna contabilidad que le trascendía, y
es que comenzó sus arias da morte en 1839 con Oberto y ya no paró hasta
1887 con Otello. La consecuencia es que las tres brujas con las que hubo de
lidiar en su Macbeth eran Cenicientas comparadas con el sujeto con que se
topó en su viaje a Nápoles para preparar el estreno de Luisa Miller. Un tal
maestro Capecelatro echaba las cartas y hacía sortilegios y brujería, dando a
Verdi el recado de que le había arrojado una maldición. Consecuencia: Verdi
apenas salió del hotel en aquellos días. Por cierto que durante la función del
estreno en el Teatro San Carlo sudó en frío cuando un aparatoso decorado se
desplomó junto a él y a punto estuvo de matarle. Corriendo como corría el
año 1849 (36 años) ello significa que un poco más centrado y aquel golpe
nos habría dejado sin Rigoletto, La traviata, El trovador, Aida… Aquella
credulidad tenía su
razón
de
ser, y
es que
Verdi
alimentaba sus
supersticiones con su experiencia personal, que no dudó en proteger hasta el
fin de sus días. El primer episodio le llegó a los siete años, cuando ayudando
en misa al cura de Le Roncole, don Masini, este le dio un empujón y el
monaguillo se cayó contra el altar. De armas tomar, el niño cargó la suya y
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Preparado por Patricio Barros