Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 178
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
versos más tristes esa noche, a Falla se le cruzaba ante los ojos y era capaz
de la música más agria. Simple y llanamente la aborrecía y la temía, hasta el
punto de que, a su juicio, las hemorragias que frecuentemente sufría eran
debidas a la influencia malévola de la luna. Los abonados a las tesis
licantrópicas supongo que veían en Falla un verdadero adalid.
Nuestro compositor de Cádiz también fue muy bien acogido en el seno de los
defensores de la soltería, aunque el mejor antídoto contra la fobia a casarse
terminó por ser la fobia a quedarse solo. A quemarse solo. Ese mismo temor
le entró de repente poco antes de morir a George Gershwin, cuando en la
cumbre de su fama olía desde su casa de Hollywood la hidromiel del Olimpo.
Un buen día se le metió en la cabeza que debía casarse y, rescatando
apolilladas agendas, escribió a todas sus exnovias invitándolas a California,
no sé si de forma sucesiva o simultánea. El caso es que, a pesar de ser
inmensamente rico, ninguna le contestó, así que tiró del plan B y optó por
hacerse el encontradizo en las fiestas de alta sociedad, en una de las cuales
se prendó de una joven encantadora, Paulette Goddard, la mujer más
adecuada para romper de una vez aquel cántaro en la fuente y bautizar con
su agua un amor eterno. Sólo había un pequeño inconveniente, pequeño
literalmente: la señora estaba casada con un señor bastante conocido por
entonces llamado Charles Chaplin, lo que, por otra parte, no les impidió
amalgamar bemoles y sostenidos a sus espaldas durante un tiempo tras el
cual se rompieron cántaro y fuente cuando el músico insistió a la pecadora
para que abandonara al actor y se encontró con un desabrido non. Gershwin
moriría al año siguiente. El matrimonio de Paulette con Chaplin lo haría seis
años después, aunque como por entonces entre los dos sumaban tres
divorcios apenas se notó.
La tanatofobia de los gigantes
¿Y qué decir del miedo a la muerte? Ya hemos conocido los deseos de
Próspero, quien ansiaba retirarse a Italia para destinar a la muerte uno de
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Preparado por Patricio Barros