Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 170
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
se hallaron conversando junto a una ventana desde donde el hombre cogía
cerezas de un árbol cercano. El caso es que «se las comía a puñados y
escupía los huesos con descomunal ruido. Especialmente esto último me
causó un efecto decisivo, pues, cosa extraña, de ello deriva que siempre
haya tenido una innata aversión a la fruta».
Pero había un ruidito aún más característico que el de las pepitas, un clic
absolument condenable por algunos compositores: el de la máquina
fotográfica. Cuenta la soprano inglesa Maggie Tyte que Debussy sufría en
cuanto atisbaba ya de lejos el artilugio, y el mero pensamiento de verse
plasmado en imagen «era para él insoportable». Charles Ives compartía con
Debussy este oscuro objeto de martirio, hasta el punto de que una sesión de
fotografía era para él lo más parecido a una sesión de exorcismo. El
mismísimo diablo se hallaba no tanto dentro de él como dentro de la cámara,
y no había estilista que le hiciera cambiar de religión. Su fotógrafo W.
Eugene Smith así lo atestigua: «En todos mis años de experiencia como
fotógrafo nunca vi a nadie tan aterrorizado por la cámara como Charles Ives
[…]. Sufría una verdadera paranoia respecto de las cámaras», hasta el punto
de que cuando empezó a hacerse una sesión de fotos en una jornada
realmente extraordinaria «de pronto Ives se alteró terriblemente y se dejó
caer en el diván. Creí que lo había matado. Jadeaba y tenía palpitaciones.
Después de un rato se sentó y me recitó un poema que había escrito él
mismo». Parecidos desarreglos le asaltaban cada vez que alguien le pedía un
autógrafo. Cuando su secretaria personal le reclamó uno para su hijo esta
fue toda la respuesta que consiguió: «La única forma de conseguir un
autógrafo mío es en un cheque». Lo cierto es que Ives extendía cheques allá
donde se los pidieran, tal era su generosidad, salvo en un lugar muy
concreto. Cuando un buen amigo le propuso hacer un viaje de reposo a
Florida el músico reaccionó con cólera: «¡Florida! ¡Florida es para los
maricas! ¡Sólo los maricas van a Florida!». De hecho Ives, yendo como
siempre a contracorriente, no soportaba la música de Mozart ni la de Haydn,
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Preparado por Patricio Barros