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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
etcétera, señores». Las paranoias de Chaikovski hacia los copistas iban por
otra senda. Lo que le preocupaba no era que le copiaran su música, sino sus
ideas más meritorias. Así es como recién llegado de su glorioso viaje a
América en 1891 encargó a su editor Jürgenson que comprara una celesta en
París por el equivalente a doscientos cuarenta dólares, ni uno más, dado que
le venía de perlas para la obra que por entonces le ocupaba: el Cascanueces.
Ya que el instrumento era por entonces desconocido en Rusia, Chaikovski fue
tajante en la advertencia: «No quiero que se lo enseñe usted a nadie, pues
temo que Rimski o Glazunov lo descubran y aprovechen antes que yo sus
insólitas posibilidades». El mismísimo Schönberg tuvo sus coqueteos con una
neurosis obsesiva que divirtió sobremanera a Glenn Gould, y así es como en
sus Ensayos críticos rescataba este un apunte de 1940 del Diario del vienés
en el que no sale muy bien parado, viniendo a sugerir que el compositor
dormía con su método dodecafónico bajo la almohada, para evitar que sus
contemporáneos se apropiaran de sus revolucionarios descubrimientos. A
partir de cierto momento, hasta el portero de su casa empezó a ser digno de
sospecha para Schönberg: «Webern empieza a escribir piezas cada vez más
breves —sigue todas mis evoluciones—… Webern parece haber utilizado doce
tonos en algunas de sus composiciones sin decírmelo (la cursiva es de
Schönberg)… Webern cometió muchos actos de infidelidad con la intención
de hacerse el innovador». Conociendo al personaje podemos intuir que desde
1940 la casa de Schönberg ya era un Gólgota para Webern, crucificándolo
tras cada puerta que abría.
Una de ruidos
La aversión de Wagner por ciertos ruidos le hicieron aborrecer la fruta toda
su vida. Soportaba perfectamente los estallidos de los trombones en los
oídos, pero no el martilleo de la mala educación. Así es como un tal Schmale,
director de escena, influyó para siempre en sus niveles de colesterol. Siendo
Wagner un adolescente fue llevado a casa de aquel, de manera que pronto
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Preparado por Patricio Barros