Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 171

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron la cual encontraba muy poco masculina con aquellas repetitivas tonalidades «almibaradas». Manuel de Falla, cómo no, también tenía sus particulares fobias sonoras. Corriendo el año 1939 y recién terminada la guerra civil andaba el músico abotargado por las dificultades económicas y la lentitud con que su inspiración le dictaba Atlántida, así que se fue a vivir a las afueras de Granada buscando aislamiento, a salvo de las corrientes de aire, pero no de unos molestos e inesperados vecinos: ¡las ranas! Su croar le volvía loco, así que ordenó que desecaran la charca donde vivían. Cuando se instaló en un carmen de Antequeruela Alta, en Granada, donde vivió desde 1921 (45 años) hasta 1939, exigió contractualmente al arrendador, dueño como era de las casitas circundantes, la prohibición terminante a sus otros inquilinos de cualquier radio o gramófono a volumen alto. Arthur Rubinstein arrastraba un trauma infantil que nada tenía que ver con las patadas de los compañeros en el patio, sino… ¡con Aida! Cuando era niño le llevaron sus padres a ver la ópera de Verdi y el éxtasis se adueñó de él hasta que hicieron su entrada los trombones; entonces empezó a gritar de terror hasta el punto de tener que llevárselo a casa. «Durante mucho tiempo, después de esa noche, fui incapaz de soportar el sonido de los trombones», explicaba en Mis años de juventud. En similares registros se tapaba Mozart los oídos, a los que había acostumbrado a todo tipo de rebuznos animales y humanos excepto uno proveniente de la parte central de la orquesta: ¡las trompetas! Lo cuenta Andreas Schachtner en carta a la hermana de aquel, Marianne, en abril de 1792, cinco meses después de su muerte: Casi hasta los diez años sintió un horror irracional por la trompeta, sobre todo cuando la tocaban sola sin ningún acompañamiento; bastaba con que se la enseñaran y le hacía el mismo efecto que si le hubieran puesto sobre el corazón una pistola cargada. Vuestro padre quiso un día librarle de este 171 Preparado por Patricio Barros