Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | 页面 160
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Al día siguiente:
¿Por qué no he recibido ninguna carta ayer por la tarde? ¿Por
qué tengo que estar siempre inquieto por tu baño?
Un mes más tarde, el 5 de julio:
Estoy más contento de lo que puedo expresar por que hayas
dejado de tomar baños.
Brahms, sin embargo, no tenía miedo de las piscinas infantiles, salvo cuando
el agua le empezaba a cubrir por encima de las rodillas. También le
espantaba (y mucho) el mar. A principios del año 1877 fue designado junto
al violinista Joseph Joachim doctor honoris causa por la Universidad de
Cambridge, pero renunció a la investidura por el miedo a cruzar en barco el
mar del Norte, además de por pereza. Coincidía con Chaikovski en su
aborrecimiento por los servicios postales, manifestando a menudo que la
labor post-epistográfica era para él «la tarea más odiosa del mundo»;
demasiado trabajo estéril lo de buscar un sobre, anotar remites y dirigirse a
la estación postal, así que terminó encargando la vil tarea a un joven al que
seguramente
siempre
se
dirigió
por
su
nombre
de
pila,
Eusebius
Mandyczewski, quien desempeñaba el cargo de bibliotecario en la Wiener
Tonkünstler-Verein, de la que Brahms había sido nombrado presidente en
1886. También Sarasate tenía pánico a los viajes mar a través, y cada vez
que debía afrontarlos sufría atrozmente. Debussy, sin embargo, era el
reverso de esos dos: adoraba el mar, pero aborrecía las montañas. Todo en
ellas le daba igual: la pureza, la profundidad, el silencio, el limpio recorte de
sus perfiles… El pianista Alfredo Casella le interrogó una vez sobre las
razones de aquella aversión y el francés se salió con un argumento muy poco
convincente: «¡Es que es todo tan alto!». A Erik Satie sin embargo le
gustaba el agua siempre que no hubiera cerca una pastilla de jabón, cuyas
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Preparado por Patricio Barros