Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 156
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Schubert también se transformaba cuando ponían en sus manos una carta
de pescados, y es que el rostro le iba cambiando de tonalidad hasta que
implosionaba sutilmente en un festival de repugnantes muecas. En los
últimos meses de su vida odió el pescado como jamás había logrado odiar a
ningún crítico. Cuenta su hermano Ferdinand que, acompañándole en un
albergue en Viena, «quiso tomar pescado, pero nada más probar el primer
bocado tiró el cuchillo y el tenedor sobre el plato diciendo que sentía una
violenta repugnancia ante el pescado, exactamente como si le hubieran
servido veneno». Y es que en 1824 Schubert, con veintisiete años, ya temía
haber reunido el suficiente número de enemigos como para ser envenenado,
una sensación que le obsesionaba desde los tiempos en que no tenía ni
amigos ni enemigos. Sigue desvelando su hermano que desde su divorcio
con el pescado Franz apenas bebió ni probó bocado, sólo pócimas, haciendo
intensivos ejercicios al aire libre para lograr la curación. Este rasgo
subrepticiamente narcisista de concitar la suficiente tensión sentimental en el
otro como para temer la muerte a sus manos también le ocupó a Mozart en
sus últimos meses de vida. En julio de 1791, oliendo ya una tierra que le
arroparía cinco meses después, estaba el de Salzburgo verdaderamente
obsesionado con la idea de ser envenenado. Un día se sentó junto a su
esposa Constanza y comenzó a llorar de desesperación. Cuenta su amigo
Niemtschek, allí presente, que sus palabras fueron: «Siento que no me
queda mucho tiempo. Seguramente me han envenenado. No puedo librarme
de esta idea».
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Preparado por Patricio Barros