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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
encuentro con Stravinski fue en un banquete organizado por la Ministra de
cultura rusa, en el que Shostakovich se mostró esquivo y nervioso, hasta el
punto de que los reiterados intentos del antitético Stravinski por iniciar una
conversación se estrellaron contra un muro de monosílabos, pero ello hasta
que Stravinski le formuló una pregunta más propia de un programa de
Paulov y sus perros: «¿Le gusta Puccini?». Aquello fue como el toque de
campanilla del fisiólogo ruso y Shostakovich salivó lo suficiente como para
escupir la respuesta: «¡No lo soporto, no lo soporto!». A partir de ahí el
diálogo logró ser fluido. Es más fácil hacer amigos con la comunión de fobias
que con la de filias. Las primeras suelen desatar demonios, bastante más
parlanchines que los ángeles. Busoni estaba completamente de acuerdo con
Shostakovich: la mayor parte de Puccini creaba tal encadenamiento de
indigestiones que de sus audiciones sólo podía salir beneficiado un
estamento: el de los boticarios. A finales de 1907 tragó saliva, procuró no
almorzar al mediodía y reunió el valor suficiente para asistir a una
representación de Madame Butterfly, estrenada en La Scala casi cuatro años
atrás. Cuando veinte minutos después de empezada abandonó el teatro se
sintió una especie de héroe por haber aguantado en la butaca tal cantidad de
notas, así que aprovechó para irse a cenar, dar un largo paseo y regresar
para el último acto. Por suerte para Puccini nadie le tradujo jamás la
sentencia de Busoni: «Es ist unanständig». Algo así como: «Es indecente».
Carl Maria von Weber no era hombre de términos medios. Un geniecillo salió
de su lámpara y le dio a elegir no tres, sino una sola fobia, así que, al igual
que Berlioz, eligió la música italiana en bloque. La detestaba al completo,
desde la primera hasta la última de las óperas. Se dice que huyó de una
representación de La cenerentola de Rossini murmurando: «Me marcho.
¡Esta cosa empieza a gustarme!». Brahms iba aún más allá que Weber,
porque detestaba no sólo la ópera italiana, sino también la alemana, la
inglesa, la francesa… En resumen: en la ópera como género veía una nociva
contaminación de la música, basura espacial, esa cápsula de la nave que
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Preparado por Patricio Barros