Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 154

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron encuentro con Stravinski fue en un banquete organizado por la Ministra de cultura rusa, en el que Shostakovich se mostró esquivo y nervioso, hasta el punto de que los reiterados intentos del antitético Stravinski por iniciar una conversación se estrellaron contra un muro de monosílabos, pero ello hasta que Stravinski le formuló una pregunta más propia de un programa de Paulov y sus perros: «¿Le gusta Puccini?». Aquello fue como el toque de campanilla del fisiólogo ruso y Shostakovich salivó lo suficiente como para escupir la respuesta: «¡No lo soporto, no lo soporto!». A partir de ahí el diálogo logró ser fluido. Es más fácil hacer amigos con la comunión de fobias que con la de filias. Las primeras suelen desatar demonios, bastante más parlanchines que los ángeles. Busoni estaba completamente de acuerdo con Shostakovich: la mayor parte de Puccini creaba tal encadenamiento de indigestiones que de sus audiciones sólo podía salir beneficiado un estamento: el de los boticarios. A finales de 1907 tragó saliva, procuró no almorzar al mediodía y reunió el valor suficiente para asistir a una representación de Madame Butterfly, estrenada en La Scala casi cuatro años atrás. Cuando veinte minutos después de empezada abandonó el teatro se sintió una especie de héroe por haber aguantado en la butaca tal cantidad de notas, así que aprovechó para irse a cenar, dar un largo paseo y regresar para el último acto. Por suerte para Puccini nadie le tradujo jamás la sentencia de Busoni: «Es ist unanständig». Algo así como: «Es indecente». Carl Maria von Weber no era hombre de términos medios. Un geniecillo salió de su lámpara y le dio a elegir no tres, sino una sola fobia, así que, al igual que Berlioz, eligió la música italiana en bloque. La detestaba al completo, desde la primera hasta la última de las óperas. Se dice que huyó de una representación de La cenerentola de Rossini murmurando: «Me marcho. ¡Esta cosa empieza a gustarme!». Brahms iba aún más allá que Weber, porque detestaba no sólo la ópera italiana, sino también la alemana, la inglesa, la francesa… En resumen: en la ópera como género veía una nociva contaminación de la música, basura espacial, esa cápsula de la nave que 154 Preparado por Patricio Barros