Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 151
Historia insolita de la musica clasica I
www.librosmaravillosos.com
Alberto Zurron
año después de morir Liszt) el joven compositor Ippolítov-Ivánov visitó San
Petersburgo, Chaikovski decidió frecuentarlo y hubo una amable sintonía
entre ambos, pero sólo hasta que el chaval empezó a tararear, mientras
paseaban, un tema de uno de los conciertos para piano de Liszt; cuenta en
sus Memorias que Chaikovski le interrumpió de inmediato con un ruego
desabrido: «Haga el favor de no recordarme a ese comediante». Mientras
que el ruso tenía a Hugo en una pira, Verdi tenía a Shakespeare en un altar,
siendo capaz de comulgar con todas las escenas de sus obras salvo con una,
que le paralizaba de terror. El compositor estuvo tentado toda su vida de
poner música a la tragedia del Rey Lear, llegando a abocetar algunas ramas
del tronco, pero sin decidirse a colocar ni raíz, ni copa ni corteza. Cuando al
final de su vida supo que Mascagni también llevaba años con los útiles de
jardinería arrodillado ante aquella tragedia se ofreció a donarle los bocetos
para hacerlos suyos, tal como este refería en sus recuerdos íntimos de 1931,
pero antes de aceptar le preguntó por qué razón un todoterreno como él se
había encontrado en aquella historia un erial. Verdi fue concluyente: «¡Es
que la escena en la que el rey Lear se encuentra de frente al bosque me
espantó!». La neurosis de transferencia hizo entonces su labor y Mascagni
también pasó del tema.
Pero
si
los
libros
alimentaban
fobias
podemos
imaginarnos
la
sobrealimentación fóbica que entrañaban algunas obras musicales, máxime
si tenemos en cuenta que el músico era un lobo para el músico y lo demás
puras fantasías licantrópicas. Berlioz no tenía nada de enfermo imaginario
cada vez que se iba a escuchar la Missa solemnis de Beethoven, cuyos amén
de interminable cimbreo le levantaban dolor de cabeza. En su biografía sobre
el sordo de Bonn nos cuenta cómo tras una audición de la obra en 1835 «un
Gloria in excelsis de Beethoven dio final a la sesión. Es enérgico, pero
algunas veces duro y violento, más de lo que conviene a un impulso religioso
de esa naturaleza. Y por último, este coro termina con uno de esos amén
que, Dios me perdone, siempre he señalado en otros autores como un
151
Preparado por Patricio Barros