Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 150
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
llamas. Con gusto hubiera arrojado algunos a la hoguera Gustav Mahler de
no haberse interpuesto entre él y ellos su falta de disponibilidad. Cuenta
Alma Mahler como en noviembre de 1901, siendo prometida de Gustav, lo
llevó a visitar su casa y todo lo halló correcto hasta que sus ojos se posaron
en las Obras completas de Nietzsche; entonces un rictus le cruzó la cara y
«exigió violentamente que tales libros fueran sacados de la casa y arrojados
después al fuego». Supongo que eso es lo que Mahler entendía por «fuego
amigo». El que ya no anunciaba nada de amistad era el que pudiera visitarle
hacia 1893 en la posada de Steinbach donde vivía, no por devorar sus
entrañas, sino los manuscritos de sus sinfonías nº 1 y nº 2, inéditos todavía
y que él guardaba celosamente en una maleta. Cuenta su sobrino, Alfred
Rosé, que todos los habitantes de Steinbach tenían noticia de esa maleta y
habían recibido las instrucciones pertinentes para que, en caso de incendio,
fuera salvada antes que cualquier otra cosa. Con quien la tenía tomada
Chaikovski era con la integral de Victor Hugo. Cuando Modesto se permitió
sugerir a su hermano Piotr la lectura del francés, este equivocó la
sintomatología reactiva con la de un tratado de exorcismo:
¿Pero no conoces la historia de mis relaciones con Victor
Hugo? —le escribió—. Una vez comencé Los trabajadores del
mar. Cuanto más leía más me irritaban sus viajes y su
mentecatez. Finalmente, después de toda una serie de frases
cortas y vacías, exclamaciones, antítesis, elipsis, etc., perdí los
estribos: escupí en el libro, lo hice pedazos, lo pateé y acabé
tirándolo por la ventana. Desde entonces no he podido
soportar la vista del nombre de Hugo en la cubierta de un
libro.
En el sistema gástrico de Chaikovski el húngaro Franz Liszt no salía mejor
parado. Cada vez que alguien se refería a él sus sistemas simpático y
parasimpático forcejeaban hasta cubrirse de cardenales. Cuando en 1887 (un
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Preparado por Patricio Barros