Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 148
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
a la gente, un miedo desmesurado que parece aumentar a cada momento.
¿Me creerás si te digo que en los últimos tiempos he pensado seriamente en
retirarme a un convento?». Su último confidente en vida fue su sobrino Bob;
a él iba dirigida esta perla epistolar en junio de 1893, cinco meses antes de
su muerte: «Sufro de una extremada aversión por los extraños y de un
indefinible espanto y de otras muchas cosas que sólo el diablo sabe».
Glenn Gould (¡cómo no!) apenas toleraba las visitas, así que se decantaba
por sostener con ellas conversaciones telefónicas de varias horas, un
privilegio con el que sólo contaban su hermana, su agente musical y su
asesor bursátil. Shostakovich tampoco era precisamente un anfitrión de
libro; de hecho su reloj biológico no concedía a las visitas mucho más de un
par de horas, momento a partir del cual todo su interior era un mar de
crujidos y rechinar de dientes, incluso cuando se trataba de amigos. Cuenta
su hija Galina que si la comida daba comienzo a las tres no se podía
prolongar más allá de las cinco porque en ese caso al comensal se le
etiquetaba de «convidado de piedra» y ya no se le dirigía la palabra,
añadiendo Galina que papá aborrecía (como cualquier otro mortal, creo yo)
los invitados que se despedían interminablemente en el vestíbulo sin
alcanzar a marcharse.
Unos anillos más calientes que los de Saturno
Me refiero a los de boda. Más que dejarse marcar el anular por aquel fuego
algunos preferían soñar con que el infierno les esperara en otra vida y no en
esta. Johannes Brahms tenía fobia a esa sacramental institución con la que,
a su juicio, Dios y no pocas religiones tan grotescamente se habían
equivocado: el matrimonio. Su amigo Robert Lienau narra en sus recuerdos
cómo acompañándole un día a su casa tras un concierto giró la conversación
hacia el matrimonio, desgranando argumentos en contra hasta que, llegados
a su casa, alzó el definitivo: «Mire, ahora subo las escaleras, entro en mi
habitación y me quedo completamente solo, sin que nadie me moleste… ¡Ah,
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Preparado por Patricio Barros