Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 147

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Cuenta el pianista Charles Rosen cómo el pianista Mauritz Rosenthal le contó lo fructífera que fue una cena a la que asistió junto a Busoni. Tanto se le insistió en que tocara que accedió finalmente a ello, si bien con la certeza de que jamás volverían a formular la petición, ya que… ¡les martirizó de un tirón con las cinco últimas sonatas de Beethoven! Gustav Mahler no se quedaba corto en la necesidad de cerrar puertas entre él y el resto del mundo. Poco después de su matrimonio con Alma se fueron a vivir a Maiernigg, donde Gustav se hizo construir una casa cerca de un lago. A unos doscientos metros de allí había un bosque en cuya parte más alta levantó una cabaña para componer sin ser molestado. Se levantaba a las seis de la mañana y acto seguido despertaba a la cocinera para que le preparase el desayuno. Le tenía prohibido que se dirigiera a la cabaña por el camino habitual porque no soportaba la vista de nadie antes de enfrentarse cada mañana a su papel pautado, así que la mujer debía trepar por un camino escarpado e impracticable haciendo equilibrios con la bandeja, tazas, cubertería y menaje vario, le preparaba allí el desayuno y después regresaba a la casa por el mismo camino de cabras para evitar un encuentro fortuito con el dueño en el camino principal. Las comidas de sociedad las atendía en buena medida por imposición de su esposa, pero una vez sentado era el convidado de piedra perfecto. No hacía preguntas, no respondía a ninguna y apenas comía. Era su estrategia para que la invitación no se repitiera. Sin embargo, Chaikovski empezó la casa por el tejado y no puso la primera piedra sobre el público, sino directamente sobre un colectivo algo mayor. Carta a su hermano Anatol de abril de 1867 (26 años): «Mis nervios no están del todo como Dios manda. Causas: […] Odio a la humanidad en general, y con gusto me retiraría a un desierto deshabitado». En enero de 1875 aquella fobia hacia todo bicho viviente no había hecho más que retroalimentarse con cada persona que por circunstancias personales le rozaba. Nueva carta a su hermano: «Estoy muy solo y únicamente el trabajo asiduo me salva de la desesperación. Desgraciadamente padezco una timidez, un verdadero terror 147 Preparado por Patricio Barros