Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 146

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Para Puccini hablar en público no se trataba de una constante vital, sino mortal. Lo que tenía que decir prefería decirlo al teclado. Erik Satie también cultivó con frenesí sus fobias en el jardín de las delicias, bastante parecidas, por cierto, a las de su amigo Debussy. En su libro Memorias de un amnésico y otros escritos nos presenta a la causante de todos sus males. Si ya Nietzsche dijo que la sabiduría era mujer y no amaría más que al guerrero, la música no iba a ser menos: «Así es como me aficioné a la misantropía; cómo cultivé la hipocondría; y cómo fui el más melancólico de los humanos. Daba pena verme —hasta con lentes de oro macizo—. Sí. Y todo esto me ha sucedido por culpa de la música. Ese arte me ha perjudicado más que beneficiado. Me ha hecho reñir con mucha gente de calidad». Con quien más reñía Giacomo Puccini era consigo mismo cada vez que se la colaban con una invitación. Viajando a París para representar La bohéme escribió en mayo de 1898 a su editor Giulio Ricordi: «Una invitación a cenar me enferma por una semana; así soy y no puedo cambiar casi a los cuarenta años. Insistir es inútil. ¡No he nacido para una vida de salones y fiestas!». A Ferruccio Busoni no le importaba en absoluto que le invitaran a los ágapes, pero… ¡ay si se le pedía que tocara un poco el piano después de cenar! Le daba igual quién fuera el anfitrión. Lo aborrecía. 146 Preparado por Patricio Barros