Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 145
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
todo lo que tengo que decir es muchas gracias me invade el pánico y ni
siquiera puedo abrir la boca».
Debussy aborrecía los homenajes públicos debido a un par de ejes que se le
cruzaban en la cabeza como unas abscisas y unas ordenadas: su timidez y
su humildad. Siempre tuvo muy claro que no había venido al mundo a traer
la paz, sino la espada, sólo que en público era incapaz de sacar otra que no
hubiera sido adquirida en una juguetería. Cuando en 1914 (52 años) fue
invitado
a
Ámsterdam
para
dirigir
algunas
de
sus
obras
con
la
Concertgebouw entró en la primera fase de colapso al ser informado de que,
tras el concierto, se celebraría una cena en su honor en la magnífica casa del
presidente de la orquesta. Hasta dos discursos se dieron allí en su homenaje,
pero Debussy se mostraba incapaz de levantarse y responderlos, llegando un
momento en que aquel proceso de colapso alcanzó su fase álgida,
prehospitalaria.
Contaba
el
director
Gustavo
Doret
que
hubo
de
desensimismarlo con un buen puntapié debajo de la mesa. Sólo entonces se
levantó, «pronunció tres palabras de agradecimiento —dice Doret— y se
sentó nuevamente». Puccini tenía un pánico escénico aún más abrasivo que
el que dobló a Cio-Cio-San esperando el regreso desde América de Mr.
Pinkerton. Una semana después del estreno de Manon Lescaut en 1893 (34
años), el compositor fue empujado a improvisar un pequeño discurso en el
banquete que se celebró en su honor. Se levantó, preso de la inseguridad, y
sólo acertó a decir: «Grazie a tutti». Bueno, nunca se puede criticar estas
cosas; hay células de tres palabras que en su contexto adecuado han pasado
a la historia: noli me tangere, eppur si muove, alea iacta est o el más
reciente yes, we can…
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Preparado por Patricio Barros