Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 138

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron pero aún más repulsa sentía por la clase noble. Richard Strauss fue testigo de las iras que despertaba en él ver a la nobleza en sus conciertos auscultando su música con la misma ignorancia que exhibirían con un estetófono en las orejas. Prueba de ello es que durante un ensayo de la Novena de Beethoven hizo que el contrafagot tocase solo durante tanto tiempo como fue preciso hasta que, aburridos, los nobles abandonaron el teatro airados por la afrenta. ¿Qué culpa tendrá entonces la gente, así concebida, como masa informe, abolidas sus singularidades? Los músicos no dependían de la gente, de la «chusma» como la llamaba Menuhin, sino de una suma de individuos que, correctamente estabulados en el aforo de un teatro, pasaban perfectamente por mansa ganadería. En unos casos se la despreciaba; en otros se la temía. Demasiados ojos pesando sobre los dedos a la espera de un patinazo neuronal o digital. Entre los que la aborrecían estaba un ser maravillosamente dotado para la música, los idiomas, las ciencias y todo lo que se pusiera por delante: el pianista polaco Carl Tausig, uno de los grandes protegidos de Liszt, muerto prematuramente a los veintinueve años. La pianista Amy Fay reconoció cómo Tausig le había confesado en el último invierno antes de su muerte (1871) que «la sola idea de tocar en público le resultaba insoportable», pero no tanto por inseguridad como por misantropía. Pero entre los que temían a aquella ganadería, no tanto por su cornamenta cuanto por sus temibles cuatro estómagos, era el pianista Adolf von Henselt, uno de los puntales interpretativos del siglo XIX, notable corredor además en la distancia corta. Le aterraba hasta tal punto el público que optó por abandonar los escenarios poco después de los cincuenta años. Cuando tocaba con orquesta solía esperar entre bambalinas a que el tutti inicial terminara y entonces entraba corriendo a tocar su parte, aterrizando literalmente sobre la banqueta. Para Chopin tocar en público entrañaba una puesta a punto ante lo que bien podía ser una ejecución cuyos verdugos ocupaban todas y cada una de las butacas del teatro. A su amigo de 138 Preparado por Patricio Barros