Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 132
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
sacase una navaja, sino ante alguien que se pusiera a estornudar. En esos
momentos Glenn buscaba histérico una salida. June Faulkner, manager
teatral que en el año 1978 trabajó en el reportaje televisivo titulado El
Toronto de Glenn Gould, le recordaba en su casa revolcándose por el suelo
con su perro de lanas, pero «en cambio, se me escapó un estornudo y Glenn
salió por la puerta como una flecha para meterse en su coche, donde tenía
teléfono. Allí estuvo sentado, delante de mi casa, de manera que resolvimos
por teléfono los asuntos pendientes». En definitiva, Glenn era muy amigo de
sus amigos en tanto no se les notara moquear, pero no bien se llevaban el
pañuelo a la nariz cancelaba cualquier tipo de trato. Para Glenn quien tenía
un amigo también tenía un tesoro… de gérmenes. Siendo Ray Roberts su
secretario en los años setenta contrajo un grave resfriado justo antes de
viajar juntos de Toronto a Nueva York. Cuando Ray estornudó la primera vez
supo que todo estaba perdido: Glenn se negó a llevarle en su coche y le
obligó a viajar en otro distinto. De hecho sólo ingería agua embotellada por
miedo a los gérmenes que contenía el agua corriente, y ya desde joven había
evitado la ingesta de bebidas espirituosas, concretamente desde que en casa
de Leonard Bernstein bebiera unos tragos de alcohol y, puesto al piano, no
fuera capaz de tocar siquiera unas escalas. Aquella angustia le convirtió en
abstemio de por vida.
Si al principio de este capítulo articulábamos nuestra desorientación hacia
Wagner con una interrogativa desalentadora, la que ahora vertemos en el
cáliz es: «¿Qué demonios hacemos con Schumann?». Difícil beberlo sin sentir
en la lengua un popurrí de sabores y en el estómago un popurrí de
retortijones. Robert tenía miedo a morirse, a enfermar, a envejecer, a
enloquecer, a quedarse solo, a que lo envenenaran, a agotar su inspiración,
a ser abandonado… En una subasta como esta, ¿había quien diera más?
Posiblemente Gould. Sólo él. Y telefónicamente. De joven le persiguió el
temor a contraer el cólera, miedo justificado por la epidemia que asoló parte
del mundo a principios de los años treinta del siglo XIX y llegó a cobrarse
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Preparado por Patricio Barros