Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 131
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
se le caía con la indecencia de no volver a crecer. Si Dios tan sólo se limitaba
a contar los pelos de nuestras cabezas, Glenn le superaba con creces, porque
en su contabilidad el astro rey era la bacteria, y se trataba de mantenerlas
todas a raya, no sólo las suyas, sino también las del prójimo. Cuando alguien
se le acercaba demasiado Glenn se echaba literalmente a temblar. Tenía
pánico a dar la mano a la gente y sólo lo hacía cuando era imprescindible.
Tal era su miedo a lesiones por un fuerte apretón de manos que en la puerta
de su camerino llegó a poner un cartel prohibiéndolo so pena de no volver a
tocar en esa ciudad. Uno de los pocos privilegiados que lo consiguió fue
Pablo Casals, a quien visitó en las postrimerías de la vida de este para
hacerle un reportaje radiofónico, siendo lo que más llamó su atención «la
tremenda fuerza con que le dio la mano el anciano». Históricos son por lo
demás sus continuos desencuentros con otro de sus proverbiales enemigos:
el frío. ¡En un canadiense! Su enconada lucha para batirlo le llevaba a
alquilar
varios
calefactores
cuando
se
hospedaba
en
hoteles,
cuya
temperatura nunca estaba lo suficientemente alta para él. En una ocasión
salió apresuradamente de una sala de conciertos porque, según narró
después angustiado, «me dio un golpe de aire tan frío en la cara que no
pude masticar por el lado izquierdo durante meses». En una carta de 1956
(24 años) se quejaba de haber regresado sordo de un concierto en Texas por
culpa de una corriente de aire, dejando de tocar a mitad del recital para
localizar su origen y ponerle remedio. Dado que llevaba unos guantes
puestos los doce meses del año muchos fueron los inquisidores sobre tal
costumbre y pocos los elegidos para recibir una respuesta cuando menos
fiable. Uno de ellos fue un simple admirador, Robert Wolverton, a quien en
carta de 14 de septiembre de 1960 (27 años) le aseguraba que «el propósito
de los guantes no es entretener al público; son simplemente una medida
extraordinariamente práctica para mantener las manos a una temperatura
constante cuando estoy en un auditorio gélido». Vayan ustedes a saber. El
peor trance por el que Gould podía pasar no era ante un individuo que le
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Preparado por Patricio Barros