Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 128

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron arribó a su puerto el 2 de marzo de 1855 casi le dieron ganas de volver por donde había llegado, quejándose durante los cuatro meses que allí permaneció de una niebla que, a su decir, sumía la ciudad en un otoño permanente. Su hijo Siegfried recordaba cómo su padre añoraba Italia por su limpieza habitual de cielo; cuando las nubes formaban legión en Alemania cerraba los puños y exclamaba «¡malditos sacos de patatas!», añorando huir a «la tierra en la que crecen los limones». Chopin, por no querer abrazar la revolución que estalló en París el 22 de febrero de 1848, terminó por abrazar con repugnancia la niebla londinense. Llegado en el mes de abril a la capital inglesa no reparó en gastos para instalarse en una suite de lujo, que pagaba gracias a carísimas clases particulares en un estudio presidido entonces por la santísima trinidad de los pianos: un Pleyel, un Broadwood y un Érard. Pero la niebla y la tuberculosis consiguieron que se sintiera clavado entre dos cruces. En una carta del 19 de agosto eleva sus quejas a su familia: «Sólo con que Londres no fuera tan oscuro y la gente tan pesada, y si no hubiera niebla ni olores de hollín, ya habría aprendido el inglés». Y es que el idioma era fundamental para saber pedir billetes de vuelta al destino correcto. Para el pianista Eugène d’Albert lo de poner un pie en cualquier lugar de la Pérfida Albión suponía al momento una dislocación del tobillo. Furibundo por naturaleza, en 1884, con veinte años recién cumplidos escribió de esta guisa a un periódico alemán para subsanar una nota biográfica: Permítame que corrija algunos errores que he encontrado. Desprecio sobremanera el título de pianista inglés. Por desgracia estudié un tiempo bastante largo en ese país de nieblas, pero durante ese tiempo no aprendí absolutamente nada; en verdad, de haberme quedado allí mucho más tiempo me habría arruinado del todo. En cuanto me fui de esa tierra bárbara empecé a vivir. 128 Preparado por Patricio Barros