Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 122

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron alumnos. Me gustaría aumentar esta cifra hasta ocho. Tratad de hacer saber por todas partes que acepto dar lecciones». Triste. Inevitablemente triste. También Schubert abría las puertas de su estómago, aunque jamás las de su corazón, a tan innoble pasatiempo. Su amigo íntimo Von Spaun cuenta en sus Memorias que «dar clases de piano para procurarse unas pocas ganancias era para él una amarga obligación». Beethoven era en su época demasiado bueno y, por tanto, lo suficientemente incomprendido como para vivir sólo de su música; por eso supongo que hubo de meterse entre pecho y espalda una docena de manuales de urbanidad para recibir a sus alumnos por primera vez y confiar en que hubiera una segunda. Soportando junto a ellos nota falsa tras nota falsa se preguntaría mil veces qué justicia divina era aquella que, metiéndole en el mismo saco que a las mujeres, le imponía parir con dolor… ¡sus alumnos! Un día confesó al compositor suizo Von Wartensee que el alumnado le resultaba «enojoso», si bien sólo era uno el que le daba más problemas que notas falsas, siendo su más ferviente deseo desembarazarse de él en cuanto pudiera. Preguntado a quién se refería sumó algo de sangre azul y otro algo de bilis y resultó ser su alumno más rentable: «El archiduque Rodolfo». Beethoven sólo se casaba con sus principios, nunca con las mediocridades. Al brillantísimo Carl Tausig le ocurría lo mismo. Su problema es que murió de fiebre tifoidea siendo casi un niño, a los veintinueve años, y por tanto no tuvo tiempo de acopiar la suficiente madurez para soportar lo insoportable. El austriaco tenía todo lo que se podía tener para ser feliz: unas octavas de vértigo, una memoria tan de racimo como las bombas, inteligencia, versatilidad idiomática, por no hablar de la fama y admiración que despertaba allá por donde iba… Sin embargo, en el transcurso de sus clases desataba toda su irascibilidad, criticaba a gritos, se desesperaba… Su alumna Amy Fay decía de él: «Era el perfecto misántropo, un espíritu caprichoso, difícil y atormentado que se había enemistado con el mundo». 122 Preparado por Patricio Barros