Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 118

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron «popurrí imposible» y El ocaso de los dioses una obra «insoportablemente aburrida», que por tanto entraba en el dudoso honor comparativo con La africana, de Meyerbeer, a quien también calificó como «la más aburrida de las óperas». En carta a su hermano Modesto se desahogó como lo habría hecho con su médico, y es que en realidad no le estaba trasladando un juicio, sino un pronóstico: «Con los últimos acordes me sentí como si me hubieran liberado de un cautiverio. Quizá los Nibelungos sea una obra maestra, pero no hay duda de que nunca existió nada más aburrido y pesado». El Tristán no salió peor parado. En enero de 1883 hubo de escucharlo en Berlín y quedó patente el resultado en una carta a Nadezhda von Meck: «Nunca me aburrí tanto como en Tristán e Isolda. Es el cuento más tedioso, vacío y retorcido; sin movimiento, sin vida, absolutamente incapaz de atrapar al espectador, ni de despertar hacia los protagonistas ningún sentimiento de emoción. Era evidente que el auditorio, aun siendo alemán, se aburría». Otro gigante de la melodía como era Sibelius difícilmente podía elegir los arcos (de triunfo) cuando tenía a mano elegir las arcadas tras escuchar aquella música para él decididamente fabril. En el verano de 1894 (28 años) viajó con su cuñado a Bayreuth, donde escuchó Tannhäuser y Lohengrin. Consecuencia: «No he podido sentir la más mínima simpatía por el arte de Wagner. Nadie ha podido convencerme para que asista a sus otras óperas. Mis paseos por los alrededores de Bayreuth me han proporcionado mayor placer que las sesiones en el Festspielhaus». Anton Rubinstein también se subió al carro de los fóbicos. Cuando en 1865 asistió al estreno en Múnich de Tristán e Isolda se mostró exasperado: «Si eso es música, ¿para qué quiero seguir viviendo?». Berlioz denominó al Tristán «una suerte de quejido cromático», y por lo que respecta a Debussy no se molestó en abrirse la carne en canal para mostrar su desafecto; su fuerte era la música y no las palabras, así que no se iba a esforzar con estas si podía ridiculizar la ópera valiéndose de notas; por eso ensartó en la última pieza de su ciclo Children’s corner (titulada «Golliwog’s cakewalk») los primeros 118 Preparado por Patricio Barros