Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 409
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dicir, todas las casas, todas las casas también abriendo, sacaban maíz, trigo,
haba, lo que sea, eso comían ellos o ya comían gato, y ahí preparaban, la carne
traían acá cerca, se mataba [...] ¡Pal partido, señora, pal partido! Diario tenía que
proveirse [...]. En fin, estaba a sus cercanías ganaditos, gratis todo era comida,
pues, carne gratis, comida gratis, pues. Vistido también de los Huamanguitos
que vinieron los arrieros en Ayacucho, lo asaltaron, toda la ropa, lo quitaron ¡Pal
partido, señora! ¿Quiere vivir o no? ¡Acá nosotros estamos luchando pal pobre!,
diciendo. Los arrieros que traían las ropas mudas, doce mudas, ocho mudas,
asaltaron, ahora ya no vienen. 90
Tanto el saqueo corno el incendio de casas y locales era una práctica común
por parte del PCP-SL. Así fue también declarado: «[...] vengo de la comunidad
nativa de Aguaytía. También hemos sufrido la violencia, empezando han entrado
los senderos en el 89 y fue destruido nuestro pueblo, fueron incendiadas nuestras
casas, y la escuela han saqueado todo, herramientas, ollas [...]». 91 El valor que
esos bienes tenían para sus propietarios supera la cuantificación meramente mo-
netaria. Por ello, ver sus cosas consumirse por las llamas o no encontrar nada en
sus casas a su regreso significó un choque psicológico y emocional para cada
habitante. De hecho, muchos testimonian que para salvar la vida tuvieron que
abandonar sus pertenencias: «De la comunidad de Kimbiri mis paisanos se que-
daron, y ahora vivo en Anapate tres años, entonces así ha sido: todo lo que tenía
en mi casa lo quemaron, quemaron mi máquina de coser, de escribir, radio, me
dejaron sin ropa, solo salimos con la ropa que llevamos encima. En el monte
hemos corrido». 92 Las empresas y las cooperativas sufrieron también los embates
de la violencia. Uno de los testimonios presenta con detalle lo que ocurrió con su
empresa comunal:
Al día siguiente, temprano llegamos a la cabaña y ya los señores habían sacrificado
doscientas cabezas. Como el río está, corría sangre de nuestros corrales. Y nosotros
nos hemos asombrado, las señoras decían ¿qué es esto? Este es el fin del mundo,
¿cómo nos va a castigar de esta manera?, ¿qué culpa tenemos nosotros? Esto no es
regalo de gobierno, esto es sacrificio de nosotros, esfuerzo de nosotros, porque
nosotros vivimos en una pobreza y queremos tener ingreso propio. Ya que las
autoridades no nos acuerdan de nosotros. Simple y llanamente porque vivimos
debajo de los andes, debajo de los cerros [...]. Han sacado a las señoras, a los
hombres. Lo que se han opuesto, la matanza. Señores, dijo, ustedes van reemplazar
a las alpacas, ahora. Y lo demás compañeros decían ¿por qué van matar a nuestros
hermanos?, mejor mátanos a todos, a todos mátanos. Ya que nos quiere matar
a nuestra empresa, mátanos a todos. Entonces, entre dos, tres hombres
vinieron, prepararon su metralleta. Ya, el que tiene, el que salva de acá, tendrá
vida. Hoy y mañana, unas horas contadas tendrán su vida. Por ese lado nosotros
hemos puesto resistencia pero lamentablemente frente un pueblo desarmado,
¿qué podemos hacer frente a los armados? Ahí, han liquidado los cuatrocientos
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CVR. BDI-I-P333. Entrevista en Sacsamarca, Huancasancos (Ayacucho), marzo de 2002 a poblador de
58 años, testigo de la masacre de Lucanamarca.
CVR. BDI-I-P410. Taller de género con la participación de varones, Satipo (Junín), 4 de noviembre de
2002.
CVR. BDI-I-P412. Taller de desplazados realizado en Satipo (Junín), 4 de noviembre de 2002.