Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 401
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cio (14.6%), al sector construcción (13.4%), a actividades artesanales (6.4%) y a
otras actividades (9.3%). En esa misma línea, otra encuesta tomada en las zonas
más afectadas por el conflicto armado muestra que el 90% de las familias tiene
como actividad principal la agricultura, mientras que el 32% declara que desarro-
lla actividades pecuarias complementarias a ésta. Igualmente se señala que el
peonaje es practicado por el 15% de estas familias.
Ahora bien, teniendo en cuenta que el impacto del conflicto armado en la vida
agrícola y ganadera de las comunidades afectadas fue muy grande, debido al
abandono prolongado de muchas tierras agrícolas, podemos deducir que quie-
nes se dedican actualmente al trabajo de la tierra lo hacen en condiciones bastan-
te desventajosas y sin mayores logros económicos. Al respecto, la encuesta del
INEI (1997) muestra que más del 60% de los desplazados regresan a sus lugares
de origen después de muchos años (entre 6 y 15 años), lo que expresa el prolon-
gado abandono del campo al que hemos hecho referencia.
Cambios en las condiciones laborales: desempleo y subempleo
Los continuos ataques del PCP-SL y las acciones de las fuerzas del orden ocasio-
naron en la vida de las familias y las comunidades la disminución de oportunida-
des de trabajo, no sólo por la destrucción de los medios de producción, sino tam-
bién por la ausencia de los principales miembros de la cadena productiva que
desencadenaron cambios en las relaciones de producción y en la producción mis-
ma. La disminución de la PEA rural afectó al sistema productivo familiar, local y
hasta regional en diversa magnitud. Desde la percepción de los testimoniantes,
existe una doble problemática en torno al empleo rural, pues no sólo se ven afec-
tados los patrones de ocupación laboral, sino también el derecho laboral mismo,
que se expresa en formas de desempleo y subempleo.
En primer lugar, al romperse las redes de soporte social y productivo por
ausencia, desplazamiento o desocupación de la PEA masculina, la PEA femenina,
e incluso los niños, tuvieron que redoblar sus esfuerzos para asegurar el sustento
diario de la familia; así lo confirman los testimonios de muchos pobladores des-
plazados. 75 Por otro lado, para las personas afectadas por la violencia, el proble-
ma del desempleo o la dificultad de conseguir empleo se expresa también de
forma indirecta: no poder cultivar sus terrenos por falta de semillas, imposibili-
dad de cuidar los terrenos cultivados y el temor a perder su cosecha por no poder
completar el ciclo agrícola.
En las comunidades afectadas, el empleo disminuyó por las razones antes
expuestas, situación que se mantiene hasta la actualidad. En efecto, la violencia
perturbó la dinámica productiva de la comunidad e imposibilitó el desarrollo
normal de las actividades económicas de la población: «Así, hemos dejado de
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Consúltese, a modo de ejemplo, el siguiente testimonio: «[...] nuestra vida ha cambiado bastante porque
yo no podía trabajar, pues [...] Y mi señora se sacaba el ancho para mantener a uno y que yo por el
momento no podía ayudar a trabajar». CVR. BDI-I-P482. Entrevista en profundidad a campesino víctima
del PCP- SL, lisiado por una bomba. Ledoy, Bellavista (San Martín), 20 de agosto de 2002.