Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 402

76 77 78 79 80 81 CVR. BDI-I-P762. Entrevista a varón, colono de 49 años con 5.° de primaria. Cushiviani (Junín), 22 de octubre de 2002. CVR. BDI-I-PSI8. Audiencia pública en Lima. Primera sesión, 21 de junio de 2002, caso 2. CVR. BDI-I-P704. Audiencia pública en Abancay (Apurímac). Segunda sesión, 27 de agosto de 2002, caso 8. Violación alegada: tortura, violencia sexual y asesinato. CVR. BDI-I-P438. Audiencia pública en Huamanga (Ayacucho). Tercera sesión, 11 de abril de 2002, caso 12. Familiar de la víctima, el declarante es profesor. CVR. BDI-I-P4S0. Audiencia pública en Huamanga (Ayacucho), 9 de abril de 2002, caso 17. Testimo- nio de familiar de una de las víctimas. CVR. BDI-I-P704. Audiencia pública en Abancay (Apurímac). Segunda sesión, 27 de agosto de 2002, caso 8. Familiares de víctima de tortura, violencia sexual y asesinato. 389 trabajar, ya no se podía trabajar, había un poco de temor, ya no se podía ni andar». 76 Afectó, asimismo, las actividades comerciales, tal como señala el si- guiente testimonio: «[...] y así estábamos andando, pues [...] y regresamos a nuestra casa de miedo; de cierto ya no salíamos ya a la calle o no había negocio. Ya no había ni qué hacer comer a nuestros hijos, ya no entraba ni a la tienda nadie, se ha cerrado nomás ya, adentro estábamos con miedo». 77 El temor que los pobladores sentían los aisló y empujó a adoptar formas de vida precarias y provisionales. El desarrollo social mediante el trabajo colectivo se canceló de alguna forma. La desconfianza había dañado las relaciones hacien- do muy difícil mantener la amistad y la cooperación entre comunidades, vecinos o, incluso, familiares. La falta de trabajo empujó a los desplazados a ubicarse en actividades del sector informal o de poca rentabilidad, que no les permitió acce- der a ingresos necesarios para su subsistencia. A su vez, la informalidad laboral generó en estas familias condiciones de inseguridad e incertidumbre que no te- nían cuando estaban ligadas a sus tierras y a sus animales. A los problemas antes mencionados, se sumó el hecho de la discriminación laboral que afectó a las mujeres en un contexto de pobreza, y que hizo que una mujer pueda decir: «como no soy varón, no puedo trabajar [...] Yo que no soy varón, ¿dónde podría ir como jornal, incluso yo?, no podía». 78 En el caso de los desplazados, el drama de la ocupación se acrecentó además por el paulatino deterioro de las relaciones con la familia receptora, debido a los costos económicos que implicaba para ésta la manutención de sus familiares des- plazados, aunque fuera temporalmente: «Este drama ha continuado, porque a pesar de mis años, no podía encontrar trabajo en Lima, ni mi esposa tampoco, hasta la familia en esos casos no lo ven bien, nos tenían relativamente confianza, pero se cansaban a veces, notábamos». 79 El desempleo y la pobreza agravaron la incertidumbre y la desesperanza de mucha gente, incluso de aquéllos que, a pesar de haber salido relativamente de una situación de entrampamiento con mucho esfuerzo e inversión familiar, no dejaron de sentir sus efectos: «[...] si no hubiese pasado este caso, normalmente mis hijos hubiesen terminado sus estudios [...]. Ahora, como sea han terminado, que he sacado profesionales, ¿de qué sirve que son profesionales, que no hay trabajo, ni contrata?». 80 Esta misma situación generó sentimientos de frustración al no poderse concluir el proceso educativo-laboral: «y aunque terminen de es- tudiar, se ven en la calle, sin trabajo». 81