Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 398
[...] la violencia que vivimos trajo un conjunto de consecuencias. Quedaron
muchos huérfanos, muchas viudas y mucha gente pobre que se ha quedado
sin estudiar. Particularmente, en nuestra comunidad, hay muchas mujeres que
quedaron viudas. En ese tiempo los terroristas mataron a sus esposos; hay
muchos jóvenes huérfanos. Esta es la historia de la comunidad de Huaychao. 71
No ha sido posible, hasta el momento, determinar el número exacto de viudas
y viudos, ni de niños huérfanos. Según Revollar (2000), se calcula que el número
de viudas por el conflicto armado llegaría a unos 20 mil, y el de los huérfanos
(niños y niñas) a 40 mil, sin contar a los menores que habrían sufrido el estrés
postraumático, que superarían en la práctica los 500 mil.
Pero las secuelas de la ausencia del varón para las mujeres viudas no se han
restringido a mermar sus posibilidades de producción, sino que se expresan tam-
71
CVR. BDI-I-P416. Taller con ronderos, Huamanga (Ayacucho), 23 de octubre de 2002, participación
de campesino rondero.
385
como consecuencia la disminución del ingreso indispensable para el sosteni-
miento de la vida familiar, así como la disminución de la calidad de vida del
grupo. Como se sabe, en la economía rural de las zonas afectadas por el conflicto
armado, el padre o la madre son los que brindan seguridad, protección y
estabilidad al grupo familiar, y cada uno de los demás miembros cumplen
funciones económicas específicas y complementarias. En esta estructura familiar,
el varón (adulto o joven) tiene a su cargo las principales actividades relacionadas
con la producción agrícola, mientras que la mujer desarrolla actividades ligadas
al sostenimiento del hogar.
En dicha situación, la no presencia del varón (adulto o joven) significó la pér-
dida de la principal fuente de ingresos y, muchas veces, único sostén de la familia.
Esto implicó una completa recomposición y reorganización del núcleo familiar.
De acuerdo con los testimonios recogidos por la CVR, de un total de 22,507 vícti-
mas (muertas y desaparecidas), 73% desarrollaban alguna actividad económica
rentable para el sostenimiento de sus familias y, en su mayoría eran considerados
jefes de familia. Estas cifras dan cuenta del fuerte impacto que el conflicto arma-
do produjo en la economía familiar. La ausencia de estas personas, económica-
mente activas, trajo consigo la dispersión y fragmentación de la familia, lo que
significó para el resto de sus miembros tener que afrontar, en el corto plazo, la
subsistencia en condiciones sumamente desventajosas.
La ausencia «definitiva» —por muerte o desaparición— de los padres de fa-
milia o de los jóvenes en la edad de producir creó un vacío en la cadena produc-
tiva, así como en la de distribución y consumo. En efecto, según la información
recopilada por la CVR, la mayoría de las víctimas (muertos y desaparecidos) son
varones entre 18 y 34 años de edad, con educación deficiente (analfabetos, sólo
con primaria o secundaria incompleta), casado o conviviente, quechuahablante,
campesino y mayoritariamente perteneciente al departamento de Ayacucho.
La consecuencia más inmediata de esta ausencia forzada fue la viudez y la
orfandad. Al respecto, un testimoniante opinaba lo siguiente: