Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Seite 389
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puede dejar de mencionar que en otros casos la población logró organizarse
para deshacerse de los grupos subversivos y así recuperar sus costumbres y
volver a su vida habitual.
Las estrategias de los grupos armados terminaron por confundir a las perso-
nas y diluir la noción de autoridad. «Bueno, pues, así ellos se presentaban y de-
cían que yo soy autoridad [...] hacía una confusión. A ciencia cierta uno ya no
sabía quién era en realidad los militares, si de repente eran los militares o del
PCP-SL que venían camuflados». 54 Esto contribuyó a crear estereotipos de gru-
pos y personas que al final terminaron estigmatizando a ciertos grupos sociales,
los que fueron excluidos, discriminados o eliminados, en la medida en que eran
considerados enemigos.
Para los pobladores, los visitantes, sobre todo armados, no proyectaban una
imagen definida: las fuerzas del orden podían presentarse como «terrucos» y los
grupos subversivos como «milicos». El mimetismo de los visitantes profundizó
los sentimientos de miedo y desconfianza entre los pobladores, pero también las
relaciones de sometimiento o sumisión, pese a los esfuerzos que se hacía por
practicar los procesos de democratización progresiva, por ejemplo, a través de
las elecciones de autoridades locales.
Las zonas en emergencia se vieron rápidamente inundadas de asaltos, robos
sistemáticos y pandillaje, lo que afectó en cierta medida y durante mucho tiempo
a comerciantes y pobladores. La violencia había ganado las calles y carreteras y
se había convertido incluso en un modus operandi a través del cual los jóvenes
reproducían los hábitos de conducta impuestos en su entorno social. El incre-
mento que se produjo de la violencia juvenil no tiene parangón. Los mecanismos
culturales formados durante mucho tiempo habían sucumbido en muchos casos
o simplemente no pudieron resistir una forma inusitada de violencia.
Muchos jóvenes no reconocían la autoridad ni la respetaban, «[...] cuando ellos
se encuentran borrachos, se pelean, se insultan, pues el respeto se ha perdido[...].
A los ancianos tampoco les respetan, cuando nosotros les contamos a modo de
ejemplo que anteriormente éramos más respetuosos y no sucedían cosas como
ahora, ellos no nos creen». 55
[...] algunos llegan a cometer robos y ya no le temen a nadie; pues si antes
cuando los terrucos andaban, ellos la pasaban bien con las cosas ajenas,
entonces nosotros también vamos a ser así, eso es lo que dicen ellos, así pues
que sea. Así involucrándose en esas cosas ya no quieren trabajar. Eso es lo que
yo digo, seguramente está en su mente todo lo que han visto cometer tanto los
terrucos y militares, porque estos sacrificaban a sus animales y la carne se lo
llevaban. El otro venía de igual modo, nuestros animales se lo llevaban, así era
antes, entonces esa costumbre negativa siguen cultivando. 56
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CVR. BDI-I-P56. Entrevista a poblador de 50 años, docente, Accomarca (Ayacucho), junio de 2002.
CVR. BDI-I-P648. Entrevista en profundidad, Oronqoy, La Mar (Ayacucho), noviembre-diciembre de
2002. Mujer de 70 años, lideró la revuelta de mujeres contra uno de los Carrillo.
CVR. BDI-II-P505. Entrevista a joven mujer ex autoridad, realizada en Huamanga (Ayacucho) en
enero de 2003.