Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 388
Las incursiones armadas desarticularon la vida cotidiana de las poblaciones y
destruyeron las normas que orientaban la dinámica interna de las organizaciones
existentes. Asimismo, la presencia de elementos extraños a la comunidad trastor-
nó las normas de convivencia: se tomaron por asalto los espacios, expropiándolos
sin el consentimiento colectivo, y se originaron diversas acciones al margen de la
ley y las costumbres. Todas las acciones invasivas ahondaron el desorden de la
vida comunal, lo que en muchos casos se tradujo en anomia.
Las comunidades se vieron envueltas, cuando menos lo esperaban, en accio-
nes violentas provocadas por personas desconocidas y más tarde por sus mismos
paisanos, en muchas ocasiones sin ningún motivo comprensible. Estos aconteci-
mientos generaron suspicacias entre los pobladores y difundieron un clima de
desconfianza más o menos generalizado. De este modo, la desconfianza se suma-
ba a la impotencia de los pobladores, convirtiendo el espacio social relativamen-
te ordenado en un ámbito caótico y sin rumbo.
La destrucción del espacio social empezaba con la toma de pueblos y la ex-
propiación temporal de los locales considerados comunales. Se declaraban «zo-
nas liberadas», expropiando temporalmente los espacios, y se establecían bases
militares en medio de las poblaciones. En este clima, los abusos se incrementaron
tanto por parte de los grupos alzados en armas como por parte de los soldados o
policías. Ambas partes buscaban la sumisión inmediata de la población y deman-
daban servicios diversos, ya sea a cambio de una «libertad» basada en la instaura-
ción de un nuevo orden social o por el ofrecimiento de seguridad nacional. En
ambos casos, lo que ocurría en la práctica era una apropiación forzada de los
espacios culturalmente pautados y, a la postre, una invasión del espacio social y
la eliminación de la relativa tranquilidad de la población.
Para los grupos alzados en armas la posibilidad de expandirse territorialmente
era una meta y, desde esta perspectiva, las zonas «liberada» cumplían funciones
múltiples: eran ensayos de una «nueva democracia», un espacio donde habitaban
las «bases de apoyo», pero también uno de suministro alimentario y de medici-
nas. De ese modo, tales zonas, producto de las decisiones de los miembros del
PCP-SL, tenían un doble significado: de un lado, eliminar cualquier forma de
autoridad legítimamente establecida y, de otro lado, tener un espacio para des-
plegar una organización con pretensiones ideológicas totalitarias. La existencia
de estos espacios generó tal confusión en la población que las mismas autorida-
des legítimamente constituidas no sabían con quiénes estaban relacionándose y
sus roles terminaron por ser funcionales a los requerimientos de quienes manda-
ban apoyados en las armas.
Quienes vivían en las zonas «liberadas» o alrededor de las bases militares
perdían en cierto grado su libertad. Estaban a merced de quienes portaban un
arma y, con el paso del tiempo, se habían acostumbrado a vivir sometidos o
protegidos. Sin embargo, esta situación, aunque transitoria, dejó hondas huellas
de desconcierto y de insatisfacción entre las personas y los grupos locales. En
algunas ocasiones, el abuso, tanto por parte de los grupos alzados en armas
como de los militares, provocó en la población el intento de rebelarse, aunque no
siempre con éxito lo que se pagaba con la pérdida de vidas humanas. No se
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Desorden y generalización de la violencia