Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 384
Lo que es feo ha sido, yo decía: «Cuando pasa años, un año, dos años, se
olvidará todo». Pero es peor, no hay ni un día que estoy sin recordarme, en mi
mente se ha quedado grabado eso todo lo que ha pasado. A veces no tengo
ganas de hacer nada; cuando yo estaba en las clases también mi mente estaba,
vivía renegando. Decía: «Cómo yo no tengo arma para hacerle igual» cuando
veía a esa gente que le amenazaba a mi papá, veía en la calle, me encontraba.
[llanto]. Ese rato llegaba a mi casa [...] pero no le contaba a nadie, sólo llegaba,
lloraba a veces de noche también recordaba, lloraba; pero no sé, no era tranquila
mi vida. Y yo sé que a todos mis hermanos así les ha chocado; porque de mí mi
carácter es horrible; no sé, yo el día que a alguien le veo así [...] de mi papá soy
capaz de hacerle igual. 43
La violencia sufrida ha dejado como huella intensos sentimientos de odio,
que en ocasiones da lugar a conductas agresivas en la interacción con los hijos,
con la pareja y, especialmente, ante situaciones de impotencia. Algunas personas
se percatan del incremento de agresividad en sí mismos y en sus relaciones con
los demás y manifiestan su preocupación y temor por no saber cómo manejarla
e incluso solicitan ayuda.
Además de la familia, otros espacios de la convivencia social registran el in-
cremento de conductas violentas. El amedrentamiento, el terror, como métodos
de protestar, de imponer ideas y suscitar respuestas sumisas, parece haberse ins-
talado en el sentido común de muchos peruanos. La violencia en distintos grados
se ha convertido en un recurso a la mano para enfrentar conflictos, para compen-
sar sentimientos de impotencia, tanto al interior de la familia y la escuela, como
el barrio y la comunidad. El que todos los actores de la violencia política recurrie-
ran a iguales acciones y métodos transmitió la idea la población de que eran «po-
sibles de ser usados por todos». La insuficiente condena de los mismos hizo que
el estilo terrorista y violento se reprodujera en la vida social. Así, vemos que las
amenazas se hicieron frecuentes en distintos espacios: el control, la vigilancia, la
desconfianza, la suspicacia extrema invadieron el tejido social.
41
42
43
CVR. BDI-SM-P122. Testimonio 302728.
CVR. BDI-SM-P336. Testimonio 100959.
CVR. BDI-SM-P86. Testimonio 417023.
Si porque, tanta violencia que yo he visto. Yo me siento tan violenta a veces en
mi casa, cualquier cosa a veces uno les pega. Y, como dice ¿no?, como digo he
visto, he vivido en un barrio de violencia, o sea ¡de violencia! ¿no? ¡Yo me siento
violenta! tanto así que en cualquier momento me desespero. Me desespero; no
sé como solucionar una, un pequeño problema ¿no?, así un mundo. Yo sí, me
considero que necesito apoyo psicológico. 42
371
veinticuatro años, pero hasta los 22 años hacía ronda y creo que, yo le puedo decir, no
es que esté enfermo, sino tengo un trauma porque lo que he visto a mi papá, lo que le
han volado la cabeza, he recogido su seso, del piso a su cabeza lo he envuelto con un
trapo. En mi idea está pues, te voy a decir así, matar ¿no? No hay otra cosa que matar.
Si yo me peleo con alguien, mi meta de mío es pegarle y yo ya me voy, no, matar,
matar y matar es lo único. 41