Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 382

Los testimonios revelan cómo, en medio de la desesperación, se ofrecieron animales y dinero a cambio de salvar la vida. «Me están robando esa gentes; diciendo: «Aunque sea yo te pagaría mis vacas, mis carneros, déjalo a mi esposo vivo, estoy rogando, aquí está lo que tengo plata, eso todito te voy pagar». Más bien se lleva, sin nada me ha dejado». 37 Con frecuencia, los ruegos no fueron escuchados. Por el contrario, alimenta- ron la sensación de absoluto poder de los victimarios quienes respondieron con nuevos maltratos y humillaciones. Cuando me estaba escapando me han rodado y me han capturado y yo les he dicho, les he rogado para que no me maten. «Yo no tengo nada, no me maten». Así he dicho. Había un alto que quería que me maten, era un varón. «Quieres vivir, entonces baila en el suelo», así me dijo. 38 A ese Comandante llorando le rogaba bastante, entonces lloraba demasiado como la lluvia y el caudal del río. Entonces el Comandante nos inculpó de «rateras». «Te voy a denunciar, a la cárcel te voy a poner, qué cosa mujer terruca, vieja terruca, tú también eres una terruca porque eres su hermana, ahorita te voy a meter a la cárcel como detenida», así me dijo. Cuando lloré ni me consoló: «Anda, vete allá a llorar, anda por ahí al monte, al río y allí llora», así me dijo [...]. Entonces le mandó al militar diciendo: «A esta mujer llévale a donde sea, a esta mujer por allí a la basura que vaya o a su casa y allí dentro que llore». 39 L A VIDA EN LA CÁRCEL La violencia que se vivió en los centros penitenciarios, además de dar cuenta de la dinámica que se estableció entre los representantes del Estado y los subversi- vos, también permite comprender cómo el Estado intimidó, arrancó información y aniquiló a quienes suponía subversivos o terroristas. En muchos casos el régimen intimidante y cruel al que fueron sometidos los detenidos, además de dañarlos, produjo efectos contrarios a los que se deseaba: muchos inocentes se vincularon luego a los grupos de subversivos al encontrar en ellos un refugio protector frente a los malos tratos y a las torturas de las que fueron objeto por parte del personal del penal. Esta violencia brutal que se des- plegó al interior de los penales es más fácil de reconocer en el cuerpo de los 36 37 38 39 CVR. CVR. CVR. CVR. Testimonio Testimonio Testimonio Testimonio 415155. 202397. 201920. 203816. Y cuando yo les supliqué por mis hijos a uno, yo me arrodillé levantándome de lo que me estaban apuntando, yo me levanté, me arrodille ahí y les dije: «Por favor no hagan esto, ustedes también son hijos de Dios». Les dije: «Ya ustedes también cualquier día les puede pasar a sus familiares». Y ya uno se compadeció y me dijo: «Agarra a tus hijos y vete». 36 369 ocasiones como la única manera de escapar de una muerte segura o de librarse de una detención cuyo desenlace, según se sabía, sería igualmente fatal.