Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 375

362 gadas de significado, las que se deben realizar con respeto de los procedimientos y los plazos. Siguiendo escrupulosamente la tradición, los deudos honran y ha- cen honrar a la persona fallecida y así garantizan su descanso, que será, también, fuente de alivio para quienes la sobreviven. Durante los años de violencia, en muchos lugares, como parte de la estrategia de terror, se prohibió la realización de entierros. Los cuerpos sin vida debían quedar expuestos a la vista de todos. Su deshonra póstuma era una lección —de sumisión y silencio— para la comunidad. « « Así mueren los soplones » . Todos los que morían por el camino morían con su letrero. Y decían que nadie tenía que recogerle, ni alzarle. Y se quedaba todos en el camino muerto». 16 En ocasiones, los deudos desafiaron las amenazas y realizaron entierros con apremio y desesperación sin los rituales indispensables como son el lavado de los cuerpos, el cambio de ropas o el velatorio. En suma, se realizaron entierros preca- rios e inadecuados, malos entierros, procesos incompletos que han dejado un lega- do de tristeza, malestar e intranquilidad que se mantienen en la actualidad. Hasta ahora decimos no vimos sus cuerpos, ni pudimos enterrarlos, hasta ahora cada vez que los recordamos nos ponemos a llorar. Mi mamá recuerda a sus hijos y se pone muy triste. «Por lo menos los hubiese enterrado para que esté tranquilo mi corazón» dice mi mamá, diciendo eso mi mamá rompe en lágrimas. 17 La precariedad del duelo tiene otras consecuencias. El deudo sufriente se vio privado de esa condición, es decir, de mostrar signos externos de su dolor, como el luto, y ello le impidió recibir muestras de consideración y solidaridad comunal. No fue posible vivir la pérdida y la pena de manera colectiva. La comunidad, intimidada, demandaba entierros rápidos y discretos. Los deudos vivieron solos su propia pena. Como se ha explicado ya, la alteración de los procesos de duelo ha dejado en muchos casos a los deudos prisioneros de la pérdida sufrida. Aunque un familiar perdido nunca es olvidado, él es colocado en un lugar especial de la memoria que permite al sobreviviente rehacer su vida. Para ello, es indispensable haber honra- do debidamente al ser querido que ha muerto, tener la seguridad de que se ha obrado piadosamente con él. En algunos casos, estos procesos se encuentran todavía detenidos. La vida de los deudos está fuertemente marcada por la presencia del familiar perdido. Las escenas de violencia que provocaron su muerte se hacen más presentes que nunca en los pensamientos, los recuerdos y los sueños de sus familiares. Yo también, igual que mi hermana menor, yo siempre, a veces me sueño que lo están matando, me dice a mí «por favor ayúdame, ayúdame». Yo sueño con mi padre y por eso sufro bastante. 18 16 17 18 CVR. Testimonio 487551. CVR. Testimonio 200670. CVR. Testimonio 500634.